martes, abril 23, 2024
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Camiseta 10 | Dale que dale, habla que te habla…

En los prados argentinos no rueda un balón desde el viernes de la semana pasada, y no hay cabeza humana que pueda predecir cuándo será el momento cierto del retorno. Por orden presidencial, y por orden del covid-19 se han cerrado los estadios, y los jugadores en sus casas se hacen las mismas preguntas, que se transforman en incertidumbre, de los aficionados. A todas estas, pues llega la Copa América. Colombia no, Argentina… ¿tampoco?

No es posible concebir un torneo de esta magnitud en un país sin fútbol, y a solo días del inicio copero: ¿quién se atreve, quién va a tener las agallas de hacer una propuesta seria que vaya más allá de una emoción del momento y de un acto de solidaridad suramericana? Se habla de Chile, que unido a Paraguay se ofrece para armar el tinglado, y hasta Venezuela se ha candidateado para desarrollar el grupo B que oficialmente correspondía a Colombia y en el que está incluida la Vinotinto. Pero…

Pero dale que dale, habla que te habla, detrás del cortinaje, en el intramuros del fútbol de la región, se mueve, con desespero de ahogado, la Confederación Suramericana. Dejar ir al conejo (“Se les escapa la tortuga”, como oímos decir algunas vez, y en sentido metafórico, a Diego Maradona) no es concebible para este organismo, porque tal accidente sería llevar a la quiebra a algunas federaciones nacionales.

La Copa mueve, a cuenta de los sponsors, un dineral, y le corresponde a cada país una plata que le ayuda grandemente a solucionar su tejemaneje de cada año. Entonces, duerme la pelota, tiembla el fútbol…

¿Montar la Copa en Miami? ¿No sería tamaño dislate el punto más alto de la locura? No, no lo es. El fútbol, en su empeño expansivo procura abrir trochas entre el público estadounidense y llevar la Copa América a su territorio, tendría un efecto propagandístico extraordinario. ¿Y acaso no lo fue el Mundial de 1994 y su efecto sobre la ahora creciente Major League Soccer?

Claro que esta idea tendría un contrincante que puede ser invencible: la propia Conmebol. Porque jugarla en Florida sería violar su propia naturaleza, una traición flagrante a sus propios estatutos que responden a la América del Sur. Estados Unidos, cabe recordar, pertenecen a la Confederación de Norte y Centroamérica y que tal vez también se oponga, por el choque de intereses, a Miami como anfitrión. Entonces, ¿qué hacer?

Esperar, sí, esperar entre los apuros y la angustia, con el paso de los días apretando el cuello de las esperanzas suramericanas. Hay que resolver, y resolver de inmediato. Mientras, la gente desespera. Nos vemos por ahí.

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