martes, abril 23, 2024
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Camiseta 10 | El “Colorao”, y fútbol como universidad

Fernando Aristeguieta desata su instinto felino y de un frentazo seco y explosivo revienta la pelota y le señala cuál es su destino final. ¿Qué dirá la red, depositaria de aquella jugada de atacante consumado, y ahora estremecida?

El Necaxa acaba de sufrir la furia del “Colorao”, llamado también “Vikingo” desde sus días en Colombia por su parecido físico con los conquistadores errantes de los mares entre los siglos VIII y XII.

Por ahí, luego de jugar en Venezuela, Francia, Estados Unidos, Portugal y ahora México ha andado Aristeguieta, el último de los trotamundos venezolanos que han hecho del fútbol una universidad en la que han conocido, como los vikingos, países e idiomas. Ricardo David Páez, Alejandro y Gabriel Cichero también han sido, de cara al mundo, conocedores de culturas y razas, de universos y costumbres con los que han enriquecido sus bagajes como seres humanos…

El claustro universitario da conocimientos, relaciones y curiosidad intelectual, mas no le es posible tener ese contacto que el deporte, y el fútbol en este caso, otorga. Jugadores inquietos y listos para el viaje los hay en todos lados, y recordemos a Sebastián “Loco” Abreu, el uruguayo que pisó once países de la geografía del planeta, varias veces con diferentes equipos, con veintinueve camisetas distintas.

No es frecuente conocer de algún futbolista con grado universitario; las exigencias por los viajes y entrenamientos, los partidos de fin de semana y la relación cercana con los aficionados lo impiden. Pero en compensación está la graduación con la vida cotidiana, lo que el fútbol va enseñando día a día…

La vida íntima de los jugadores, como la de los dioses del fútbol, es poco conocida. Hay a su alrededor un secretismo que propicia versiones de sus ocupaciones fuera de las canchas.

Se sabe que ganan dinero grueso, que se hacen ricos velozmente, y tal realidad ha despertado en mucha gente recelo pensando en la desigual repartición de la riqueza en relación con la mayoría, con los que deben trabajar arduamente para llevar sustento a casa. Pero también hay que decir que, además de dar trabajo y pan a familias que dependen de sus habilidades con el balón, muchos de ellos se vinculan a movimientos sociales de ayuda al próximo.

De algunos se sabe su solidaridad, pero también que hacen de esto fiesta pública para que se hable, además de su fútbol, de su bondad. No obstante, de otros no se conoce, no trascienden su obra y su valor y quizás esos sean, los discretos, los que verdaderamente piensan en la gente carente que alguna vez también fueron. Al final, y como alguna vez le oímos decir a un combatiente de guerra, “los héroes son anónimos”.

Nos vemos por ahí.

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