martes, abril 23, 2024
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Camiseta 10 | El lobo de los olvidos

Raras veces un lobo anda solo y acechante por bosques y estepas. Suele emboscar presas en manadas de cuatro o cinco miembros de la especie, y contadas veces fallan en el intento. Es una fiera un tanto olvidada, porque está en medio de las cosas: ni es un felino voraz y rey de la selva, ni tampoco se le puede considerar animal para llevar a casa y convertirlo en mascota y acompañante hogareño. Pero, eso sí: estudia sus ataques y no perdona. Por eso su nombre es tomado muchas veces para, en sentido figurado, colocárselo a alguien infalible en alguna actividad. En Venezuela hay uno de ellos. No se le ve por las selvas de Guayana ni por las llanuras de Apure, Barinas y Guárico, pero sí en las canchas de fútbol de América del Sur…

Por su actitud cazadora, por su intuición y su desarrollado sentido de la oportunidad, así llaman a Alejandro Guerra. Con él se dan todas las características del animal de que tomó el apodo: intuitivo, sabe dónde colocarse cuando va por su enriquecido botín, y aunque no va en manada siempre cuenta con el aporte de sus compañeros de equipo. Para completar el dibujo, ha sentido el mismo olvido que sus “congéneres”

El “Lobo”, surgido de la cantera inagotable de las Lomas de Urdaneta, esa fuente de jugadores de donde brotó Nelson Carrero, deslumbró en el Caracas, y desde la Cota 905, el Anzoátegui y el Mineros de Guayana se catapultó, luego de una breve pasantía por Argentina, hasta el Nacional de Medellín, linaje puro del fútbol colombiano. Ahí fue conductor y figura, y sus finas maneras de lobo consumado despertaron las apetencias del Palmeiras, ¡nada menos que el Palmeiras!, para convertirse, hace pocos años, en referencia del fútbol venezolano. Titular del “Verdao”, conductor en grandes batallas en el torneo Brasilerao y la Copa Libertadores, fue a tener en medio de desencuentros y desavenencias con la directiva, al Bahía. En uno y otro club brasilero ya había dejado de ser titular, y entonces comenzó a pensar qué podría pasar con su porvenir. Desde entonces se nos perdió de vista en la inmensidad que el fútbol tiene…

Ahora llegan despachos desde República Dominicana, y hablan de la llegada de Alejandro Guerra al Delfines del Este. Y no deja de sorprender esta noticia, porque luego de encumbrarse en el fútbol de Brasil ha llegado a una expresión que comienza a ser. Aparecer en Quisqueya puede ser, a sus 35 años de edad, la última estación para el “Lobo”, y cumplir el destino de olvidos de alguien que ha sido fundamental para un fútbol venezolano que solo ha tenido voz y letras para Juan Arango y Salomón Rondón, y escasas miradas para uno de los futbolistas de más trascendencia que haya tenido el país. Nos vemos por ahí.

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