domingo, julio 21, 2024
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Camiseta 10 | Ganancias en baja, miradas de recelo

No se puede dudar que la pandemia ha cambiado actitudes y comportamientos. Parece que nada está al margen, ni siquiera el fútbol. En Europa y América no hay aficionados en los estadios, y trasciende que se rebajarán los sueldos de los jugadores en medidas que van desde el quince al treinta por ciento. Los clubes del mundo, al final de todo empresas capaces de mover cantidades incuantificables de dinero, han visto cómo el virus se hunde en sus tesoros y tal cosa, según ellos, no se puede permitir.

La crisis, obviamente, ha llegado a los futbolistas, y ellos, fiel a sus “principios” derivados del dinero, se apegan a aquel viejo adagio según el cual “Al hombre tócale el honor, pero no le toques el bolsillo”. Oyen la propuesta de los directivos, miran para un lado, ven para el otro, se rascan la cabeza y dibujan en sus rostros sonrisas de cinismo: “¿Por qué nosotros?”.

Son miradas de recelo hacia sus nuevos y mermados ingresos. Quién lo hubiera pensado. La actual situación, derivada del imprudente visitante ha puesto las cosas en su lugar. Jugadores con treinta o cuarenta millones de dólares por temporada tienen como defensa el ejército de lugares de trabajo que ellos generan; familias enteras viven de que los futbolistas tengan habilidades con la pelota y sean percibidos como héroes. No obstante, hay que ver el otro lado de la luna, siempre oscuro. Los jugadores, metidos en sus ensoñaciones, se regodean en sus castillos y ven la vida a todo color. Pero allá abajo, en las calles y en lo cotidiano, millones de hombres y mujeres hablan de fútbol y están encantados con sus ídolos, pero sin la más lejana posibilidad de ser tocados por la vara mágica de sus contratos de fábula.

Pasados los treinta y pocos años, el jugador ve venir el fantasma asustador del retiro. Y luego, ¿qué hacemos? Tal palanca se acciona y eso los lleva a aceptar a dientes apretados el tajo a sus finanzas, sin pensar en que por ahí por las aceras de las ciudades camina quien que no es como ellos, sino gente común que no tiene las angustias de la edad pero sí otras igualmente apremiantes. Al final del camino son las leyes del universo: la absoluta igualdad humana es apenas una quimera soñada por el Che Guevara y unos cuantos ilusos que no han tomado en cuenta la mezquindad y la codicia. Los jugadores tendrán que conformarse: no es una treta de los empresarios, aunque pareciera, sino una circunstancia imprevisible. ¿Quién tendrá la razón?

Un cero menos

Los jugadores del fútbol venezolano no se salvan. Aunque por aquí no obtienen las cantidades estrafalarias que se pagan en otras latitudes, ha trascendido que a los números les faltará un cero.

Tal circunstancia ha hecho partir a algunos hacia otros países, pensando que sus niveles de vida no mermarán considerablemente.
Colombia, Chile y Ecuador son los países preferidos, sin olvidar que muchos de los futbolistas criollos han emigrado a ligas de bajo nivel y por tanto de sueldos poco elevados, como las de Panamá, Nicaragua, República Dominicana y Haití.

El fútbol, a la hora de la verdad, es también una forma de vida.

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