lunes, junio 17, 2024
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Camiseta 10 | Hablar con Freddy Rosas

Nuestras primeras charlas brotaron en el colegio San Agustín de El Paraíso. Corrían los últimos años de la década de los 50, y nos unían los estudios tutoreados por el padre Martínez el fútbol y el beisbol. Freddy estaba en la sección B de cuarto, quinto y sexto grado, quien escribe en la A. Uno y otro veíamos con ansiedad de niños los relojes, en la espera interminable del recreo de las diez de la mañana pasa salir a conversar, y de nuestras esperanzas “para cuando seamos grande”. Y grande nos volvimos a encontrar en la cotidianidad del periodismo, en sus afanes, en sus alegrías y sus amarguras. Discutíamos de puntos de vista, pero al final de la polémica, algunas veces a gritos, terminaba en el café de la esquina o en casa, con un trago mientras seguíamos un partido del Barcelona, del Real Madrid o de los Leones del Caracas…

Porque Freddy no fue ese “hermano” que solemos decir a alguien que está cerca de nosotros y que luego se aleja y deja la hermandad a un lado; no, porque aunque pasásemos años sin vernos, al llegar de nuevo al puerto seguro del reencuentro y lanzar al mar de los afectos el ancla de lo indivisible, regresaban los abrazos, las conversaciones de lo actual y los recuerdos del colegio, de los viajes con los equipos y la selección Vinotinto, aquellos momentos inolvidables en Paraguay cuando Venezuela eliminó al Brasil todo poderoso en el Preolímpico a Barcelona 92, los de Copa América, los humorísticos desencuentros con nuestras esposas, los ancestros catalanes de los dos, carajo. Éramos amigos, en toda la largura del “Decir amigo”, como la canción de Serrat, amigos de verdad y a un lado del “hermano” a veces dicho por hábito o compromiso…

Freddy Rosas estará tan presente en nuestras conversaciones diarias de amigos que seguirá siendo el voraz contertulio de siempre, con aquel humor fino que terminaba cada intervención con la frase “no sea marico”. Ah, vaina, Freddy, cállate, había que decirle algunas veces en broma, porque se trasformaba en el centro de la reunión de mediodía en el negocio de César Ballatore y a veces hablaba de más. Freddy, ya no tengo compañero de viaje para subir los lunes a San Antonio de Los Altos; ¿qué le voy a decir al uruguayo, al profesor de inglés, el portugués de la panadería donde bebíamos un café mañanero, cuando me pregunten por ti? ¿Dónde está Freddy?, búscalo, porque queremos hablar de fútbol, de beisbol, de caballos, de mujeres, de cualquier vaina. Ah caramba, compinche, no sabré qué decirles. Bueno, mientras tú llegas algo inventaremos. Nos vemos por ahí.

1 COMENTARIO

  1. Yo recuerdo a Freddy Rosas desde los 10 años cuando jugábamos infantil “C” en el Colegio San Agustin del Paraiso, estudiamos algunos años en primaria y en la secundaria tambien, el tenía dos hermanos : Manuel o Jose Manuel le llamamos “Mamaota” y el Dr Jose Rafael Rosas, Freddy jugó poco al fútbol pero se dedicó al Periodismo deportivo sobre todo al Fútbol que fue su pasión, vivíamos en el mismo sector en El Pinar, El Paraíso, nunca dejamos de vernos en nuestra 3ra edad inclusive organizamos un reencuetro en el Colegio San Agustin, precisamente en ese reencuentro se ganó un balón en una rifa firmado por todos los jugadores que asistimos, me acuerdo como anécdota que las hijas de Don Pedro Castro nuestro tecnico eterno se molestaron porque no le regalaron el balon, para mi fue placer haber conocido a Freddy Rosas, ícono del Colegio San Agustín(qepd), te quiero mucho Freddy(Chino Beroes)

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