lunes, agosto 15, 2022
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Camiseta 10 | Italia tuvo su gigante; Argentina, un ángel

¿Qué habrá pasado por la cabeza de aquel hombrazo de casi dos metros de estatura cuando el pequeño Zaka se enfrentó a él y a la pelota para ese duelo en el que, por una vez, Goliat venció a David? ¿En qué estaría pensando Gianluigi Donnarumma, sería tal vez en los compatriotas de la bota del Mediterráneo y en los millones que andan por el mundo y que a esa hora, casi las seis de la tarde en Caracas, casi las once de la noche en Londres, fijaban sus miradas en sus manos de gigante?

El Italia-Inglaterra fue un partido ardiente, y cuando hacia el final de los 90 minutos parecía que a los ingleses se les venía el mundo encima recurrieron a su raza bravía, a su orgullo británico para acorralar a los estoicos italianos.

Penales, y ya sabemos lo que pasó, el gigante salió gigante, el pequeño volvió a ser pequeño, y los azules hicieron rememorar en la memoria de los tifosi de toda la vida que derrotarlos en el gran partido ha sido siempre una empresa casi imposible.

En los tiros penales, lejos de ser un acto de lotería saltó a la cancha el carácter de los jugadores, la razón de su templanza, y hasta allí llegó la selección ganadora.

A Inglaterra le faltó determinación, convencerse de que todo estaba en su fútbol depurado; a Italia, sin grandes figuras, le sobró el deseo. Y el deseo, en el fútbol, suele pagar bien…

El fútbol, por su propia naturaleza en la que la incertidumbre asume su rol primario, a veces depara situaciones inéditas, y por eso lo que se asumen favoritos pueden tener su mala noche de hipnosis y lejanía.

Para que esto sea posible basta con que a un ángel se le prendan las luces y saque de su saco de magia un acto de prestidigitación, que el sábado fue aquella pelota tocada por encima del arquero Ederson para que el conjuro llegara a plenitud a sus compañeros de equipo. Claro que hay ángeles de ángeles, pero aquella noche ninguno como el Ángel Di María que le dio a Argentina el truco máximo que es vencer a Brasil en el escenario llamado Mario Filho, Maracaná…

Un amigo decía, en tono jocoso, que llegar tercero era mejor que ser segundo, “porque un tercero gana el partido por ese lugar, en cambio el segundo pierde el decisivo”. Apartando la broma, pensamos: ¿para qué se disputa tan dudoso y desangelado honor?

Vimos a colombianos y peruanos bregando por nada, por conseguir una antorcha sin llama: ¿habrá sido esta la última vez? Ya en la Eurocopa ese anacrónico capítulo fue cerrado, pues se le consideró inútil y sin razón: ¿qué más da terminar tercero o cuarto? Ah, Europa siempre un paso delante de América. Nos vemos por ahí.


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