jueves, febrero 29, 2024
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Camiseta 10 | Jefferson Savarino, nueva era

No se ha desandado aún la historia futbolística entre Venezuela y Brasil, pero Jefferson Savarino hace todo lo posible. No ha sido el jugador el kilómetro cero de una relación lógicamente desigual, aunque algunas cosas han ido cambiando.

El fútbol de colonias, aquel que reinó durante las décadas de los años 60 y 70, fue pródigo en la importación de jugadores brasileros; ellos llegaban “en camiones”, valga el humor, para ser importantes en un fútbol en el que un muchacho local era, por su rareza como titular, altamente apreciado. Pero ¿llevar un criollo a jugar en los campeonatos de aquel inmenso país? No, usted está loco.

Fue Carlos Maldonado el que rompió amarras. Fue al Fluminense de Río de Janeiro, y aunque las lesiones lo persiguieron como sombras en la oscuridad, algunos de sus detalles son aún recordados por los aficionados de vieja data.

La nueva vida había comenzado. Luego del Maldonado pionero, abrefuegos del intercambio Venezuela-Brasil, han ido apareciendo en “A cidade maravilhosa”, o en “A cidade que nunca dorme”, algunos a cuentagotas.

Aquello era bueno para que se supiera por allá que por tierra vecina también se juega fútbol. Surgió Yeferson Soteldo, y ahora ha llegado, con su aureola de vencedor, Jefferson Savarino.

Tiene, como dijimos alguna vez del siempre recordado Carlos Moreno, la estrella del ganador.

Ya van por seis los títulos alcanzados con Atlético Mineiro por este zuliano quizá poco conocido en su país. Inició su andar con el Zulia, en 2012, y luego de algunos años fue a tener al Salt Lake City en la Major League Soccer.

Algo de él, o mucho de él, llamó la atención a la gente del Mineiro para incorporarlo a un fútbol de tantas exigencias como aquel.
Y en Brasil, Savarino ha aprendido a hablar un buen portugués (al estilo cadencioso de los “mineiros” del estado de Minas Gerais), y su valor en el mercado ya anda por los ocho millones de dólares, una cifra significativa para un jugador salido del fútbol venezolano.

Jefferson es visto en Brasil como una novedad. Como la perla perdida de un collar roto, como leímos alguna vez en un libro de William Faulkner.

No es europeo, no es africano ni tampoco asiático. Ha llegado desde un país donde el fútbol trata de levantar cabeza. Si por la calidad de Jefferson Savarino fuera, ya la Vinotinto estaría desde hace tiempo inscrita en el Mundial.

Días de fuego

Que un jugador salido de las canteras del país vaya al fútbol brasilero, sigue siendo para muchos una rareza. Y una rareza por la falta de continuidad, porque es uno hoy y otro un día lejano.

Pero vale recordar que Soteldo y Savarino no han sido los únicos que han ido con la aureola de grandes; hace algunos años, el Sao Paulo, por entonces campeón de Brasil, llevó a Alexander “pequeño” Rondón, después que el cumanés había “roto la bola” en sus actuaciones con la Vinotinto en el Premundial. Sin embargo, no le fue bien, fue poco utilizado en partidos importantes y debió regresar en breve tiempo, pero esa es otra historia…

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