viernes, diciembre 9, 2022
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Camiseta 10 | La rebelión de los pequeños

Algún día nos toca a todos, y a Venezuela y Bolivia le correspondió su premio el domingo pasado. La Vinotinto, como pocas veces en este Premundial, tuvo lectura para aprovechar los errores de un Ecuador que no fue la tromba marina anunciada, el terremoto de 8 grados en la escala de Ritcher que un día se lleva por delante al más pintado, y el otro, se desmorona en ideas y conceptos como ante los venezolanos. Venezuela, pues, tomó aire, ahora ve las cosas un poco más arriba en el monte de las victorias, y ha nacido, aunque diminuta y en colores, una ilusión.

Bolivia, a su vez, desvirtuó el alzamiento de Perú, y con las hasta el domingo olvidadas convicciones también tuvo arrestos para chocar las copas, a la distancia, con los venezolanos. Clasificar al Mundial para los dos sigue siendo una quimera, pero estuvo bien rebelarse y amargarles el festín a ecuatorianos y peruanos…

Y dentro de dos días, pues, en aquella ciudad “acorralada por símbolos de invierno”, como cantara Silvio Rodríguez, la Vinotinto vuelve al ruedo ante la herida selección de Chile. Será un lance de matar o morir entre dos selecciones más cerca de lo último que de lo primero.

Un capítulo a escribir entre dos equipos parados en las antípodas del fútbol: mientras la Vinotinto, aun perdida en la tabla florece en sus jugadores jóvenes, la Roja deambula entre hombres que han visto pasar sus más gloriosos días en las canchas de Suramérica, y aun del mundo.

Para el resto de la región puede ser un partido intrascendente, de poca influencia mirando hacia el Mundial, pero no para venezolanos y chilenos, cada uno chapoteando para no hundirse en el pantanal del porvenir: uno va llegando, el otro se está yendo…

El domingo, en tarde de fútbol pleno, seguimos la final de Europa y, por minutos en simultáneo, el Venezuela-Ecuador. Y entonces, preocupación. Preocupación porque volvimos a confirmar las hondas diferencias de un fútbol con otro, de cómo la gente de aquel lado del Atlántico se despega y con un dinamismo y reacción, precisión y certezas que en esta orilla no son familiares, han sacado varios cuerpos de ventaja a Suramérica. Francia-España a una velocidad, venezolanos y ecuatorianos a otra, evidentemente más lenta.

El criterio es válido para las demás selecciones de esta región, y mucho nos tememos que en Catar la caída va a ser inevitable. América no llega a la cúspide mundialista desde 2002 en Corea-Japón, y según presumimos la fiesta va a seguir, pero para la añejada, veterana y sabia Europa. Nos vemos por ahí.


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