martes, abril 23, 2024
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Camiseta 10 | Ladran los perros, saltan las alarmas

Una sombra brinca por encima de la barda y los ladridos de un perro que se aproxima hacen que el intruso, presuroso, se esconda detrás de un frondoso árbol del enorme jardín. No es cualquier perro: es un doberman enorme que por su ferocidad y tamaño parece justificar los 46 mil dólares por él pagados por Kyle Walker, defensa central del Manchester City.

El hombre experimenta en cabeza de otro: hace unos días unos bandidos habían entrado en la casa de Prestbury de Ángel Di María, mientras el jugador argentino defendía la camiseta del París- Saint Germain en el estadio Parque de los Príncipes, y al parecer, mantenían a la familia del jugador como rehenes.

No fue Di María el único sufrido en Francia. Mientras viajaba para jugar un partido, fue robada la villa de su compañero de equipo Mauro Icardi; y un poco más allá, Sergio Rico fue importunado por asaltantes en su casa de Neuvilly-sur-Seine.

Son tiempos estos de amor desmedido por el dinero. Y ese ha sido el motivo que ha hecho proliferar estos asaltos. Los jugadores saltan a la cancha con la mente dividida, pensando en la pelota y en la seguridad de sus moradas.

En 2010, nos tocó vivir en Río de Janeiro un episodio de mal talante. Jugaba el Caracas un partido de la Copa Libertadores ante el Flamengo, y mientras el batallón dirigido por Noel Sanvicente se afanaba en el estadio Maracaná, dos tipos, con el mono del equipo para aparentar, dijeron en la recepción ser entrenadores de los Rojos del Ávila. Subieron a las habitaciones y ya saben lo que pasó: bolsos y closets desvalijados, y encima, una derrota ante el rojinegro flamenguista.

Estos episodios son solo capítulos de una historia sin fin, libros con prólogo pero sin epílogo. La plata de los jugadores es el señuelo; los ladrones están al tanto del botín que hay en sus casas de nuevos millonarios y por tal razón ese es el objetivo. La riqueza les ha llegado de súbito, como si la hubieran conseguido sin buscar el cuerno de la abundancia, y muchos de los futbolistas no saben qué hacer con el maná que les da licencia para comprar Ferraris de última generación, y viajar en yates cada vez que disponen de pequeñas vacaciones.

Tal parece que muchos perros doberman habrán de comprar, centenas de alarman deberán sonar y decenas de centinelas estar alertas para resguardar los billetes, los euros y las joyas de aquellos que presumen gracias al fútbol. Al final de todo, el dinero es siempre el culpable.

¿Dinero? No, política

Por allá, por 1963, cuando el afán no era el dinero sino el ruido político, Alfredo Di Stéfano fue llevado por unos secuestradores que procuraban con el personaje, por entonces considerado uno de los mejores jugadores existentes, nombradía para su movimiento insurgente.

El astro había llegado a Caracas con el Real Madrid para jugar un torneo que llevaba por nombre “Pequeña Copa del Mundo”, en el que participaban equipos de Europa y Suramérica.

Al final del episodio, los miembros del equipo rieron con ganas porque aquello, más que un rapto, pareció una escena cinematográfica para una película sobre la vida del crack.

EN TIPS

Shakira
La cantante colombiana fue robada en Barcelona, pues la casa que comparte con Gerard Piqué fue desvalijada por ignotos.

Real Madrid

Los jugadores del equipo blanco han sido las víctimas preferidas de los asaltantes: Zinedine Zidane, Casemiro, Karim Benzema y Lucas Vásquez han sentido su escamoteo.

Pánico

Cuando cuatro hombres armados entraron a la casa de Álvaro Morata, el terror se apoderó de la esposa y los hijo. Creyeron que era un secuestro.

Bandas

Casi todos los detenidos por robos en las casas de los futbolistas han sido albaneses. Tienen calendarios, y aprovechan las ausencias para actuar.

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