jueves, junio 13, 2024
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Camiseta 10 | Pitos sin estridencia ni tumultos

Los jugadores suramericanos deberían haber aprendido la lección. Deberían, también, haberse dado cuenta que la educación formal, la de casa y la escuela aflora en las canchas de fútbol y desemboca, como afluentes de ríos en el mar del respeto, hacia los árbitros de cada día.

La semana pasada dirigimos las miradas hacia los partidos París Saint-Germain-Bayer Munich y Liverpool-Real Madrid, y fue un gustazo seguir las actuaciones de los jueces, el italiano Daniel Orsato y el neerlandés Bjorn Kuipres, que sin desmedro de su autoridad ni de su majestad como justicia mayor, llevaron el transcurrir de las acciones sin siquiera tener el más mínimo contacto con los jugadores.

Ejercieron sus funciones sin estridencia, con mesura y distancia y sin exageraciones para ser figuras, y no hubo tumulto que valiera ni ninguna escaramuza que le moviera las alfombras.

Qué diferente suelen ser los partidos de la Copa Libertadores, en los que el más insignificante silbatazo es recibido por los futbolistas con excusas para rodear al señor de las decisiones con actitud que termina en bochorno. Es como un estigma ir encima de aquel pobre hombre, que solo tiene como escudo su pito y su autoridad.

Cuando apareció el VAR se dijo que ahora sí, a los jugadores se les acabó la vaina de joder al árbitro, porque con lo indiscutible que iban a ser las decisiones no iba a ver relajo que valiera. Pero, qué va. Permanecen los rodeos, las escaladas de protestas casi siempre sin razón, que además consiguen darle argumentos a la afición para excomulgar al dueño de la justicia.

Los dislates también suceden fuera de los partidos. En días pasados oímos y vimos a Ronald Koeman, entrenador del Barcelona, justificar su derrota a manos del Real Madrid “por culpa de ese árbitro que no pitó un penal a favor nuestro”. Otra cosa hubiese sido si sus jugadores hubiesen tenido fútbol para doblar la rodilla al adversario. Qué carajo, lo culpamos a él y quedamos bien con todo el mundo.

De esto no se salvan los técnicos venezolanos; es usual clamar contra el juez para salvar su propio pellejo.

¿Ha oído usted, alguna vez, a un jugador o entrenador enviar elogios y bendiciones a un árbitro? Quizás el día que tal cosa pase será el final del fútbol, el apocalipsis de un juego que tiene, como en los juicios, su culpable y su inocente. Los inocentes, pues jugadores y directores técnicos.

El culpable, cómo no, será siempre el tipo que lleva el pito en su boca.

80 años de un flamenguista

No es usual que utilicemos esta sección para hablar de un cantor, pero existe uno que, además de componer bellas canciones y cantar como pocos, es “torcedor”, como se dice en Brasil, del Flamengo.

Sí, porque Roberto Carlos llega hoy a sus 80 años de edad, y el creador de himnos de amor, pero también de cantos de conciencia para el hombre como “Traumas”, “Todo el mundo es alguien” y “la vida ofrece otras cosas”, y de gritos conservacionistas como “Amazonas” y “Las ballenas”, no va desde su casa en el sector de Urca al Maracaná, pero se pega de la televisión para festejar los goles explosivos de Gabriel “Gabi gol” Barbosa.

EN TIPS

Error. En un partido Serbia-Portugal, el árbitro se negó a validar un gol marcado por Cristiano Ronaldo. Las tomas de televisión fueron un claro testimonio contra el juez.

Anfitrión. Corea del Sur chocaba con Italia en la Copa del Mundo 2002, y el árbitro, para complacer al dueño de casa, validó un gol que sacaba los azules del torneo.

Éscándalo. En los Juegos Olímpicos de Moscú 80, una descarada posición adelantada no sentenciada sirvió a Cuba para eliminar a la Vinotinto.

Golazo. Thierry Henry se pasó de vivo. Enfrentaba Francia a Irlanda y con la partida encendida, se acomodó la bola con la mano para un tanto que clasificó a los galos al Mundial 2010.

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