sábado, noviembre 26, 2022
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Camiseta 10 | ¿Qué hacen ahora los jugadores?

En realidad la pregunta está mal formulada, porque debería ser los “ex jugadores”. La inquietud vino luego de seguir un programa de televisión en el que entrevistaban a Bernd Schuster, aquel mediocampista alemán de terrible pegada y quien fue, en su momento, el primer futbolista extranjero en jugar con los tres grandes equipo de España: Barcelona, Real Madrid y Atlético de Madrid.

Pero la entrevista no fue, extrañamente, sobre fútbol, sino que abordó otra de las grandes pasiones del teutón: la cría de caballos. Resulta de Schuster vivía con fervor esta afición desde sus días de jugador, y ahora, ya en el reposo del retiro, le dedica gran parte de su tiempo a los nobles equinos.

Entonces, recordando a Schuster, nos vino a la mente escribir sobre aquellos antiguos jugadores del fútbol venezolano que alejados de loa camerinos y los balones ahora ponen su empeño en otras labores.

Nelson Carrero, valor de varios equipos y de la selección Vinotinto, es desde hace algunos años abogado, y todavía a algunos le cuesta verlo de camisa blanca, paltó y corbata en los ejercicios tribunalicios en vez de los aperos propios de la cancha.

Bernardo Añor, quien además de futbolista es graduado en Construcción Civil, se dedica desde hace algunos años a negocios privados, y William Méndez, ingeniero de profesión, anda metido en los avatares de la política.

También viene a la memoria Juan Pablo Galavís, atacante en el fútbol profesional, quien viajó a Nueva York a echar una jugadita mientras se dedicaba a la pasarela y al modelaje de ropa, profesión que adoptó definitivamente. Incluso, y como consecuencia publicitaria de la naturaleza de ese medio, se le ha vinculado sentimentalmente con artistas y mises.   

Ahora recordamos, vaya, un caso muy particular. Y es el de Juan Manuel Mouro, aquel delantero uruguayo traído a Venezuela por el Marítimo. El hombre, formado por su familia en círculos intelectuales, ejecutaba el corno en la sinfónica de Montevideo. Posiblemente esa condición musical influyó en su comportamiento en los partidos, pue siempre se le vio, a pesar de ser buen artillero, como un jugador sin maldad y de poca picardía. 

El fútbol, pues, no está alejado de la vida cotidiana, de la vida de los demás. Tiene sus desembocaduras en otros oficios humanos, en diversas actividades, porque los jugadores no son, así los aficionados quieran adorarlos, más que seres humanos. Como quien lee y quien escribe. No más.

Ahora todo es “épico”

En la televisión y en las radios con programas deportivos se ha puesto de moda utilizar la palabra “épico” para resaltar alguna gesta. “Ese gol fue épico. Un partido épico”.

Posiblemente sin conocimiento del vocablo, lo lanzar así narradores y comentaristas sin darse cuenta que lo épico tiene que ver con el regreso, pero rodeado a otros hechos heroicos que le dan ese carácter al retorno a las raíces.

Épico fue el regreso de Ulises a Ítaca, donde lo esperaba Penélope luego de vencer a sus enemigos. Mencionar lo épico tiene que ser con mesura, en la punta de los pies para no propiciar el mal uso del idioma castellano.

EN TIPS

Modernidad. Hoy día a los jugadores, luego del retiro, se les han abierto múltiples posibilidades. Entrenadores, asesores o puestos en las oficinas son algunas de las posibilidades que hasta algunos años no existían.

Lujos. Pero, en contraparte, muchos antiguos futbolistas buscan la manera de mantener sus niveles de vida. Por eso caen en las apuestas o en el arreglo de partidos.      

Constancia. George Weah, delantero del Milan y de otros equipos europeos, llegó a lo más alto al conseguir, luego de vencer en las elecciones, a ser presidente de  Liberia. Actualmente ejerce el cargo.

Abandono. Al margen de estos comentarios, cuántos jugadores han quedado en la indigencia. Los casos del venezolano Rafael Naranjo y del uruguayo Víctor Pignanelli han quedado como prueba de ello.

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