miércoles, septiembre 28, 2022
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Camiseta 10 | ¿Quién los manda a ser famosos?

Ser tratados como figuras del cine o de la música era lo único que le faltaba a las muchachas y muchachos del deporte. Perseguidos por donde quieran que vayan, procurados por los medios en busca de algo nuevo en sus vidas o una noticia sensacional, ya no alcanzan la paz deseada.

Todo parece haber explotado desde que los atletas comenzaron a enredarse con gente de ese otro mundo, Bob Abreu con Alicia Machado, Alex Rodríguez con Jennifer López, Tom Brady con Gisele Bundchen, y así todo se ha ido al carajo.

Ahora son buscados, y más que eso, acosados por los fotógrafos y periodistas que no se quieren perder aquellos detalles que tiene, en el fondo de todo, un solo fin: vender y buscar notoriedad…

Así ha perdido su cordura Iker Casillas, últimamente procurado no por ser uno de los grandes arqueros de todas las épocas sino por su rota relación con la periodista Sara Carbonero.

Así se le extravió la tranquilidad a Naomi Osaka, de las mejores tenistas de la era moderna, reventada por el acoso de las ruedas de prensa y las preguntas, algunas veces imprudentes a su vida personal, como ser hija de haitiano y japonesa que la llevaron a abandonar de súbito el Ronald Garros.

Y así se ha quebrado la vida de Simone Biles, considerada la más potente gimnasta actual, a quien la mensajería del twitter ha vuelto loca y le ha evitado participar en competencias donde sigue siendo la reina indiscutible.

Todos han alegado la amenaza a su “salud mental”. Entonces, nos preguntamos: ¿debe un deportista estar preparado para afrontar estas avalanchas mediáticas? ¿Las jugadores y jugadores no sabían que, siendo tan famosos este alud se les venía encima? Viendo las cosas desde el otro lado de la luna, la angustia también es para aquellos que buscan la noticia.

No llevarla a su publicación, o ser superado por otros medios, conllevaría a una reprimenda o un despido…

Entonces, es una cadena. El atleta sufre, el periodista se afana en su desesperación noticiosa, el jefe de redacción espera la gran noticia para divulgarla antes que la competencia, y el público ávido de aquellas cosas escondidas, con la morbosidad de la noticia que suele ser principalmente un chisme de pueblo pequeño, la aguarda con impaciencia.

Es la aparición de un movimiento informativo de reciente cuño, hijo directo del afán de lucimientos de deportistas y artistas, y que tiene por detrás del brillo que encandila, del boato como estandarte, aquello que un día leímos a manera de advertencia, del poeta Rainer Maria Rilke: “Detrás de lo bello comienza lo terrible”.

Nos vemos por ahí.


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