martes, abril 23, 2024
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Camiseta 10 | Reflejos del poder

Cada vez que un árbitro obvia un penal en contra o le favorece con uno a favor igualmente dudoso, saltan los comentarios pícaros y mordaces para quejarse del favoritismo. El favoritismo que en todas partes parece haber, que en el caso que ahora queremos tratar es el español, con Real Madrid y Barcelona en el centro de la discusión.

Las sentencias a las infracciones de estos equipos pueden ser muy evidentes o quizá rodeadas por las dudas, pero la gente, que no pierde oportunidad para criticar a todo lo sea o parezca autoridad, dirá que el juez ha tirado para el lado del que maneja el poder, pues de no ser así llevará las de perder ante el omnipotente gobierno del fútbol. Es el odio ancestral del pobre ante el rico, la batalla eterna siempre presente, como dijo en algún libro el escritor checo Milan Kundera, “la lucha de la memoria contra el olvido”…

El reciente caso de Lionel Messi es la metáfora de ese ejercicio de dominio. Luego de su puñetazo a Asier Villalibre, jugador del Athlétic de Bilbao, la gente del fútbol aguardaba impaciente, hasta los seguidores del equipo catalán, por una severa sanción.

¿Cuatro, seis, doce partidos de castigo? Y se escuchó la sentencia, que terminó ser de solo dos juegos, y la Liga Española estaba poniendo combustible a una hoguera difícil de apagar. Y decíamos que el castigo es sentido figurado, porque habría que preguntarse si la agresión hubiera sido al revés: de si la sanción hubiese tenido el mismo alcance si hubiese sido Villalibre el agresor.

De cierta manera esto se nos parece al asalto por supremacistas blancos al Palacio del Congreso en Estados Unidos y la actitud complaciente de los policías de guardia: “¿Hubiese sido igual el comportamiento policial si la turba hubiese sido de negros?”, como preguntó con sarcasmo Michelle Obama…

Estas cosas han sido así desde el comienzo de los tiempos, y mucho teme el fútbol que así van a seguir siendo. Real Madrid y Barcelona mueven en el mundo a millones de seguidores, vender todo lo que producen y compran a los jugadores más costosos.

Por eso y no por otras razones gana todo, y por ello, mandan. ¿Es cierto que a la hora final de las decisiones arbitrales son favorecidos los grandes clubes? Tal cosa, aunque a veces parezca evidente, nunca se podrá comprobar; el árbitro siempre va a tener argumentos irrefutables como coartada de salida, porque para eso es árbitro. Mientras tanto, algunos festejarán; otros, impotentes, verán crecer a su lado el árbol de la frustración. Seguirá siendo, sin más, “la lucha de la memoria contra el olvido”.

Nos vemos por ahí.

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