¿China? No, Arabia Saudita

El deslumbre de la China futbolística se ha ido apagando. De aquel fulgor que enceguecía a jugadores del mundo ya pocos hablan, y todo porque en el horizonte del dinero ha aparecido un nuevo dorado. Ya las cosas comienzan a preocupar en Europa, porque la estampida ha comenzado: Karim Benzema ha sido el último eslabón de una cadena dorada iniciada hace algunos meses por Cristiano Ronaldo.

El portugués, marcando el rumbo, hipnotizado por una montaña inalcanzable de billetes, tomó su avión particular para ir a tener a Riad, capital del reino de Arabia Saudita, en procura de prolongar su legado y de coronarse con un contrato de una galaxia lejana y desconocida.

Ahora sigue el francés, y se dice por ahí que Lionel Messi también está en una lista de espera en la que figuran nombres ilustres que darían la vida, exagerando un tanto, por ir al enorme y rico país de más de dos millones de kilómetros cuadrados de superficie…

El colombiano David Ospina cuida el arco de Al-Nassr, un equipo que cuenta en el mediocampo con el brasileño Luiz Gustavo y Cristiano en el ataque. Y no son ellos los únicos jugadores de alto vuelo que pisan firme en los terrenos sauditas; pro ahí también andan el español Álvaro González y el argentino Pity Martínez.

Los partidos entre Al-Nassr y Al-Hilal reviven antagonismos y rivalidades que por estos lados no se conocían, y los partidos son presenciados por muchedumbres. Así que no se puede negar el interés levantado por esa expresión futbolística, y ya es posible seguir sus partidos importantes por la televisión internacional…

Entonces, vuelve China a la columna. Aquel furor de los jugadores, entre ellos Salomón Rondón, por ir a Pekín o Shanghai, poco duró. Aquellas contrataciones siderales se esfumaron, con el desencanto de los que veían en ese fútbol asegurar el futuro de los hijos y nietos, por insobornables y estrictas leyes de mercadeo chino. Por eso la aparición de Arabia viene a ser el renacer de los sueños. Cuántos futbolistas de Suramérica no estarán pendiente del sonido de sus teléfonos con la esperanza puesta en aquel país y ser, a su manera y en otro tiempo, “príncipes” de “Las mil y una noches”.

Pero como no todo es felicidad, y valiéndonos, porque viene al caso, del viejo adagio de “no todo lo que brilla es oro”, habrá que seguir de cerca, así estemos a miles de kilómetros de distancia, la evolución de la Saudi Pro League.

No vaya a ser que, con el desierto de Arabia tan cerca, la liga se convierta en un castillo de arena proclive a derrumbarse al primer soplo de viento.

Nos vemos por ahí.

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