viernes, abril 12, 2024
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Como en los viejos tiempos

Disfruten de una nueva entrega de "Camiseta 10" por Cristóbal Guerra

Siempre se oye hablar del antagonismo irreconciliable entre Real Madrid y Barcelona, de la furia implacable que desatan Boca Juniors y River Plate, de la violencia del huracán que separa a los Flamengo- Fluminense, del fuego inextinguible entre Millonarios y Santa Fe. La televisión habla de estos choques como si en ellos se les fuera la vida, y pocas veces echan una mirada hacia la rivalidad ancestral entre Táchira y Caracas.

Pero no hablamos del resentimiento de la provincia con la capital, cada día más apagada, ya casi perdida en la neblina de los tiempos, sino del enfrentamiento en las canchas de fútbol entre los equipos representativos de dos lugares del extenso país. Gochos y capitalinos revivirán mañana, en la amable San Cristóbal, ese verse a las caras con rabia, en el entendido que hablamos metafóricamente, en procura de un título nacional que hoy día, encandilados por el reflejo de los éxitos de la selección Vinotinto, adquiere un color especial, único, para enseñar que el fútbol nacional también tiene mucho que decir…

En San Cristóbal, ciudad donde pareciera que el fútbol ha tenido su lugar de nacimiento, la gente se había alejado del Pueblo Nuevo para hinchar por su equipo del alma; no se acercaban a ligar ni a seguir los partidos, porque ¿para qué? No obstante, y como los hijos pródigos, ha vuelto en muchedumbre a subir la cuesta y llegar al escenario, ha renacido su amor por el equipo y mañana reventará el cemento del estadio para alentar a sus jugadores y decirles que ellos son parte de un gentilicio, de una pequeña patria andina, pero también para cantarle a Venezuela y a toda Suramérica que siempre es bueno mirar para adentro porque bien vale la pena…

Eduardo Saragó y Leonardo González, directores técnicos y antiguos combatientes, van al frente. Habrá batalla de estrategias, y una lucha sorda para saber quién es el más lúcido de los dos. Por una vez, la afición venezolana apartará su interés por los vaivenes de la Vinotinto y por el fútbol europeo para despertar y vivir la gran cosa del Táchira-Caracas, y admirar a aquellos jugadores que emergen, que ponen sus pieles para ser tomados en cuenta.

Será un buen sábado para seguir el partido, un buen domingo para comentar los pormenores de las acciones, y luego, el lunes ya con la última resaca, regresar a la cotidianidad. Al final de la jornada, el Táchira-Caracas será solo un juego de fútbol, no un motivo para revivir el ancestral forcejeo entre la provincia y la metrópoli.

Nos vemos por ahí.

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