Cristiano, Messi: o el fútbol diversión

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Como el fútbol tiene caminos y atajos, senderos y recodos, ellos han elegido las rutas más cortas. O al menos, las que le pueden proporcionar nuevas vidas e idiomas, y un montón de dinero que, ya mirando hacia una despedida cercana, no está nada mal. No sienten obligaciones, sino diversión por el juego. Son idolatrados, firman autógrafos, se encaraman en carros costosos y de alta cilindrada, y de rato en rato alquilan yates para pasear con las familias y los amigos algunos días libres en alta mar.

Sienten que han logrado el cenit y que, aunque no lo digan, creen estar por encima del común. Vaya vida, y tienen la certeza de que todo lo que tienen lo han merecido. No lo han conseguido con un trabajo común, no se han tenido que poner traje y corbata y cumplir horarios de oficina. Aunque ya para el fútbol pasan de largo, para la vida aún son jóvenes y glamorosos…

Dicen que los futbolistas ganan mucho dinero, pero es un criterio relativo. Pasados los treinta y cinco años miran resignados hacia los portones del adiós, y piensan, con preocupación, la larga vida que les espera: ¿y qué voy a hacer ahora? Ese es el lugar común, a menos que sean de la exclusiva estirpe de los nombrados en el párrafo anterior.

Vamos, la vida no es justa; esos tipos no se sabe de dónde salieron, como fue que Dios y la naturaleza les dieron esos fantásticos atributos. Ellos son solo dos, nada más que dos, y con ellos bastó para llenar una época que será difícil de olvidar. Arabia Saudita y Estados Unidos tratan, con ellos como banderas, alzar su voz en el mapa mundi del fútbol.

Por ahí se empieza, con nombres luminosos, pero las experiencias vistas le vaticinan a esas ligas un porvenir corto y sin trascendencia. Habrá que esperar unos años, habrá que ver si llevar a Cristiano Ronaldo y Lionel Messi convierten aquellas expresiones en piedras filosofales del fútbol de esta era…

Y mientas árabes y estadounidenses se embriagan con sus astros siderales, la Vinotinto afila sus cuchillos para afrontar el compromiso que, con las fauces abiertas, se acerca. El siete de septiembre es la fecha marcada para enfrentar a Colombia, en un partido que podría marcar rumbos.

Venezuela asume el Premundial con cauto entusiasmo, sin aspavientos, y eso puede resultar de mucho beneficio. Pero a la vez, el técnico Fernando Batista consigue a jugadores de nivel, de credenciales, con poco fútbol y por diversas causas: Salomón Rondón, Roberto Rosales y Tomás Rincón, insignias del fútbol nacional, son tres sobre los que la incertidumbre puede pesar. Ellos tendrán que demostrar que aún queda en sus botas mucho de aquel fútbol de siempre.

Nos vemos por ahí.

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