miércoles, junio 12, 2024
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El “Mundial” de Europa listo para arrancar

Disfruten de una nueva entrega de "Camiseta 10" por Cristóbal Guerra

Puede parecer una desmesura de quien escribe el título de esta nota, pero si le preguntamos a un español, italiano, portugués o francés como sienten la Eurocopa lista para comenzar este viernes 14 de junio, lo ratificarán: ese es su “Mundial”. Así vive en sus sentimientos, y para muchos de los habitantes de aquel continente es tan o más importante que la misma Copa del Mundo.

En 1927 comenzaba a germinar la idea de un encuentro entre naciones europeas. Por entonces, la Copa América, iniciada en 1916, hería aquel orgullo que decía que Europa estaba por encima, que era el ejemplo del mundo y la civilización a seguir. Ires y venires, opiniones de acuerdo y en enfrentamientos durante treinta años. Al fin, y cansados ya de tanta polémica, en 1957 las cosas tomaban cuerpo.

En el 58 todo comenzó con eliminatorias directas sin sede fija para el torneo, culminado, al fin, en el 60 con la decisión en Moscú, estadio Lenin, con la final Unión Soviética 3, Hungría 1. Aquellas copas eran el espejo de los Juegos Olímpicos, en los que las selecciones del este eran las mismas en las dos competencias, y por tanto, las jugaban con ventaja con los equipos amateurs de otras naciones.

Hasta 1958 se mantuvo como Campeonato Europeo de Naciones, hasta que en el 1992 comenzó a llamarse, con el glamour de los nuevos tiempos, Eurocopa. Vale la pena recordar que en un partido Escocia-Inglaterra, celebrado en 1937 en el Hanpden Park de Glasgow, 145.415 aficionados establecieron una marca de asistencia aún vigente. Por medidas de seguridad, ese estadio fue recortado hasta 81 mil, y luego reducido hasta las 52.500 de hoy en día.

Desde ese 92, la Euro ha sido escenario de rivalidades ancestrales, de enfrentamientos entre naciones vecinas y amigas, pero que en diversos estratos de su vida cotidiana, el fútbol entre ellos, son irreconciliables. Resalta, por profunda, el choque Italia-España. Los hispanos no les perdonan a los ítalos sus cuatro títulos mundiales, y menos, que sea el actual campeón de la Euro luego de 53 años de espera.

Las remenbranzas de grandes partidos se abigarran en la memoria colectiva, especialmente para españoles y franceses, pero hay uno que resulta inolvidable: la final de 1984, en París, cuando una pelota lanzada de tiro libre por Michel Platini se le escapó por debajo del cuerpo a Luis Arconada, arquero hispano, y entregó la corona a la Torre Eiffel. Y también aquel de 2016, cuando Cristiano Ronaldo debió salir lesionado, para desde la zona de reservas hacer fuerzas para el gol decisivo de Eder ante Francia y llevar a Portugal al título.

Es vanidoso y soberbio llevar de país en país el gallardete de campeón de Europa. El torneo está lejos del dinero de la Champions League, y por eso, y por alguna vez en el fútbol grande, la plata es lo que menos importa. Llevar la gloria europea, con altivez, sí.

El enigma de Italia

El misterio es una de la características que desde hace tiempo ha rodeado a las selecciones italianas. Cuando poco se espera de ellas surgen para tornarse indetenibles.
Así pasó en el 2021, la última Eurocopa jugada, cuando debió compartir grupo con Turquía, Suiza y Gales.

Venció a los tres, y de ahí en adelante paso de largo ante Austria y Bélgica, hasta tropezar en semifinales con la siempre difícil España: triunfo en penales.

En la final, y después de una ardua lucha en la que estuvo en desventaja por gol de Luke Shaw, se aferró a una diana de Leonardo Bonucci para alzar la corona y derrotar a Inglaterra en decisión por el mismo sistema desde el punto blanco.

Habían bregado con afán 24 selecciones clasificadas entre las 55 aspirantes de aquel continente, pero solo los italianos, con su conjura, con su hechizo, pudieron alzar los brazos.

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