martes, mayo 24, 2022
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El olvido de los olvidos

Disfruta de una nueva entrega de "Camiseta 10" por Cristóbal Guerra

Los días recientes han sido algo así como “el imperio de Miguel Cabrera”. Sus marcas, sus logros, han sido amables para justificar la inmensa publicidad recibida por el pelotero de Maracay. No hay día en que los medios de comunicación y los mensajes por twitter no se ocupen de sus hits, sus dobles y sus jonrones, y siempre se está a la esperar del próximo récord: ¿qué marca va a igualar o superar el jugador de Detroit? Está bien, se justifica y no hay objeción. Pero, ¿no hay algo olvidado y que ha sido llevado a la oscuridad por la ruidosa fiesta del bateador venezolano?, ¿no se ha quedado algo en los vacíos de la información que por ocuparse hasta la saciedad de Cabrera haya sido poco tomado en cuenta? Ummm, huele a que sí…

En tiempos así no está demás recordar aquella película del director español-mexicano Luis Buñuel, “Los olvidados”, en la que aborda el escabroso asunto de la juventud perdida y que vive a un costado del hecho social. Claro que las cosas del deporte no son para tanto, por Dios, pero viene a cuento rozar el film para hablar, por ejemplo, de Sonny León. No hay datos estadísticos, pero es posible pensar que, aparte del mundo hípico, son muy pocos los venezolanos que sabían de su existencia en hipódromos de Estados Unidos.

El jinete irrumpió como una tromba indetenible en los medios el pasado fin de semana por su conquista  improbable, surrealista, casi absurda, del Kentucky Derby a lomos de Rich Strike. Tuvo que reventar los relojes y los vaticinios de 80 a 1 para ser el potro tomado en consideración, y con él, arrastrado por los vientos de la fama, León (a propósito, con el mismo nombre de un célebre boxeador venezolano de los años 50 y 60). No fue Emisael Jaramillo ni Javier Castellano, famosos desde hace un buen tiempo; no, fue un casi desconocido jockey que un día antes de la carrera no tenía ni monta ni porvenir…

Hay atletas rociados por el aura de la gracia divina, como Miguel Cabrera y José Altuve en el beisbol, como Yeferson Soteldo y Salomón Rondón en las canchas de fútbol, como Yulimar Rojas en el “track and field” del atletismo, y como alguna vez lo tuvo Gustavo Ávila, antecesor de Sonny León cuando en la década de los años 70 y con el asombro de Venezuela entera, apretó el fuete y movió las riendas para llevar a la victoria en el Derby de Kentucky a Cañonero II. Pero no todos han tenido esa virtud mágica emanada no se sabe de cuál misterio. Dicen que los dioses bajan sin ser vistos, y tal parece que León al fin dio con el suyo.

Nos vemos por ahí.  

2 COMENTARIOS

  1. Es verdad, hay que comentar a nuestro joven compatriota que salió de la nada y conquisto la gloria y para Cristóbal Guerra, hablamos hasta la saciedad de otro atleta que durante 21años, saco lo mejor de si, para meterse entre los grandes de todos los tiempos del béisbol; no fue un día, ni una temporada. A éste súper héroe solo lo pudieron ver aquí, completar su hazaña, los suscriptores de un determinado circuito. Creo que al amigo Guerra, se fastidió rápido. En los EEUU, se llenan los estadios todos los días para ver y estar en el mismo recinto con este compatriota nuestro, que desde ya le auguran la inmortalidad. Salve Miguel, gloria a Sonny!

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