viernes, marzo 1, 2024
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Fútbol para adolescentes

Disfruten de una nueva entrega de "Camiseta 10" por Cristóbal Guerra

El fútbol, según sus limitaciones físicas, es deporte para muchachos, aunque si hablamos de fútbol de gran calado pues no tanto. Aunque sí.

Especialmente si revisamos la alineación del Barcelona y su adolescente Lamine Yamal, quien con dieciséis años ya ha sonado con tiernos goles de catalán determinado, nacido en Esplugás de Llobregat y criado, por su padre marroquí y su madre de Guinea Ecuatorial, en Mataró.

Y vaya con ese jovencito, quien ya ha batido dos récords: ha sido el jugador más joven en actuar para el Barsa, y el más chamo en marcar, para la selección española, esta vez ante el Georgia.

Verlo jugar, con su metro y ochenta centímetros, con su pierna zurda y su explosión de bomba atómica, despierta sentimientos encontrados: pareciera que sus huesos van a crujir cuando va al choque con algún zaguero adversario, y a la vez, es un gran gusto verlo eludir con gracia y elegancia a todo aquel que pretenda detenerlo…

La presencia de Lamine nos hizo recordar a prodigios que, como él, han pasado por el fútbol antes de tiempo. Ahora pensamos en Ansu Fati, quien a sus dieciocho años desplegó en Las canchas de España un juego alucinado, febril.

Hoy, a sus veinte años alinea en Inglaterra con el Brighton, a donde ha ido a parar a modo de préstamo y mientras transita por el natural proceso de maduración. Por ahí también revolotean Gavi, a sus diecinueve, y Pedri, a los veinte, todo un contingente con el que el Barcelona pretende invadir y dominar en los próximos diez años los campeonatos de la liga hispana…

Y para que lo sepan las nuevas generaciones de comunicadores y aficionados, en el estadio Olímpico caraqueño vimos aparecer, a sus quince años de edad, la figura casi infantil de Luis Mendoza. Por entonces, década de los años sesenta y en su día de debut, como lateral izquierdo, luego convertido en mediocampista de ataque y cañonero de postín.

Mendocita marcó una época del fútbol venezolano no solo por el encanto de su edad, sino por su categoría de jugador extraordinario. Cada día los clubes procuran más a aquellos mozos de pocos años, pues hoy el visto como jugador y como inversión.

Los futbolistas de estos tiempos de vida agitada debieran durar menos que los de antes, cuando los partidos eran más esporádicos; mas, la alimentación dirigida, la exigencia en los entrenamientos y la conciencia de que luego del fútbol vendrán días de oscuridad y poca plata, los obliga a un cuidado mayor. Así tengan dieciséis años, como Lamine Yamal, o cuarenta y uno, como Zlatan Ibrahimovic.

Nos vemos por ahí.

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