Los más recientes acontecimientos del fútbol muestran a una Italia derrotada. Cayó el Inter de Milán ante el Manchester City, y un día después la selección frente a Uruguay sucumbió en la final del Mundial Sub20. Caramba, qué calamidad. Derrota tras derrota en el escenario internacional, y para más señas, ante dos equipos de camisetas igualmente celestes.
Pero, paremos un momento. El haber llegado en los dos frentes a instancias decisivas es más bien una clarinada de alerta, un llamado a voltear las miradas hacia el país en forma de bota que en una época aun cercana, los años 80, nos alegraba la vida con aquellas transmisiones de cada domingo, a las nueve de la mañana en punto, para deleitarnos con el fútbol único en su tiempo.
Por entonces surgió el Milan de Ruud Gullit, Marco van Basten y Frank Rijkaard para forjar un equipo invencible, campeón de Europa, y que ponía en la cancha un fútbol indescifrable y revolucionario.
Pero llegó la caída. Levantaron España e Inglaterra, Alemania y Francia, y del fútbol italiano se dejó de hablar; terminaron las transmisiones, sustituidas por otras más atractivas y de goles a granel, y aquella expresión principalmente caracterizada por defensas de hormigón quedó en el túnel del olvido.
Apareció en el mapa, como una flor en el desierto del Sahara, la victoria en el Mundial de 2006, jugado en Alemania, pero sin que aquello tuviera seguimiento ni consecuencias. Pareció, más que una resurrección, una rezago de los años dorados.
Pero sin decirlo a nadie, allá abajo en el subterráneo del fútbol, Italia se comenzaba a deslastrar de su antigua costumbre de jugar para defenderse, para sobrevivir, y los candados y sus llaves comenzaron a estallar. Italia volvía, y ahora tiene nuevas generaciones de jugadores que han llevado al Inter hasta donde ha llegado: por un tris no fue campeón de la Champions League, y su selección juvenil ha sido subcampeona del universo. Todo esto se traduce en nuevos bríos, en renovadas realidades y en alertas para los demás: Italia vuelve, Italia ha regresado. Cuidado pues, los italianos se han vuelto a levantar…
Y siguiendo en la onda italiana, habría que recordar a Silvio Berlusconi, gestor y precursor de aquel Milan del que hablamos en el primer párrafo de esta columna.
Berlusconi, un personaje heroico para algunos, atrabiliario para otros, armó un equipo que cambió las estructuras y los esquemas de lo que para entonces se hacía en las canchas de fútbol. El hombre, también político de alto nivel, se ha ido, pero ha dejado una estela poco seguida por otros equipos, así de difícil ha de ser su emulación. Dirigido por Arrigo Sacchi, un conductor de amplio saber, el club de camiseta rojinegra arrasó con todo lo que había y era una fiesta verlo evolucionar en cada partido. Ahí viene el Inter, ahí viene el Napoli, ahí viene el Milan. Ahí viene Italia.
Para no olvidar
De cuando en cuando, los reunimos con amigos para hablar de aquellos equipos que han dejado hondas huellas en el fútbol y en nuestras vidas.
Las nuevas generaciones hablan de la España campeona mundial en África 2010, y da crédito a la leyenda de los mayores para quienes el Brasil de México 70, el de Pelé, Tostao, y Jairzinho ha sido lo más grande. No obstante, en la reversa del camino, mirando un hacia atrás, han quedado formaciones de gran calado que han creado verdaderas escuelas a seguir.
Todo comenzó con Hungría en el Mundial Suiza 54, una revolución táctica y de movimientos de jugadores; luego, saltando a Brasil 70, fue la Holanda de Joahn Cruyff y que dirigía, anteponiéndose a su tiempo, el teórico Rinus Michel. Hasta llegar al Milan de las décadas 80-90, una mixtura de todos los conceptos que hasta el momento se venían manejado.





Excelente analisis .