viernes, abril 12, 2024
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La apuesta, qué tentación

Disfruten de una nueva entrega de "Camiseta 10" por Cristóbal Guerra

Si hay algún país que pueda ufanarse de ver brotar jugadores desde las arenas de sus infinitas playas, ese es Brasil. De aquellas partidas de sol inclemente y cuerpos dorados aparecen como de la nada los cracks, muchachos capaces de inventarse con cada jugada un nuevo e imaginativo ardid para el deleite de quien tenga la fortuna de verlo.

No obstante, de vez en cuando extrañamos no ver en la alineación de la selección brasilera a algunos nombres imprescindibles. En los partidos recientes del Premundial, ante Bolivia y Perú, no apareció Lucas Paquetá, un atacante fiero que parecía ser un baluarte muy apreciado. Entonces, habría que decir, como oímos alguna vez a un cantor, que “en lo prohibido brilla, astuta, la tentación”.

Y en la trampa del bosque de la seducción parece haber caído Paquetá, por estos días acusado de estar envuelto en el mundillo oscuro y turbio de las apuestas, junto a Luiz Enrique, otro jugador de elite y de su misma nacionalidad.

El decir popular reza que “la avaricia rompe el saco”, y para estos dos futbolistas el dicho encaja con perfección. Jugadores del fútbol europeo, Lucas Paquetá del West Ham United (Inglaterra) y Luiz Enrique del Betis (España), obtienen por su fútbol jugosas cantidades de euros, bolsas de dinero que en sus adolescencias nunca soñaron ganar; pero ya se ve que el que más tiene, más quiere tener.

Es la provocación del dinero, que en el deporte actual, tan millonario y tan poco dado al recato y la cordura, es capaz de arrastrar en su loco paso las buenas costumbres de sus actores.

El Manchester United, campeón de la Premier League, andaba tras las huellas de Paquetá, mas todo este aparatoso del asunto de las apuestas futbolísticas ha enlodado la negociación y ha llevado al equipo inglés a desistir. Lucas Tolentino Coelho de Lima, que lleva como apodo el nombre de una isla frente a Río de Janeiro, Paquetá, conocida por su sosiego y en la que no se admiten carros, está ahora envuelto en un disparadero. Vaya paradoja, vaya amor en busca de la efímera gloria brotada de la plata mal habida.

Ahora damos un salto desde aquellas ligas estridentes hasta lo que pasa en el fútbol venezolano. De vez en cuando se oyen voces que hablan de arreglo de partidos, aunque, dadas las diferencias en todo sentido, en otra dimensión. Hasta ahora, solo el lío aquel en el que estuvo enredado Trujillanos hace unos años ha retumbado en los medios de comunicación; las cantidades, como es lógico pensar, fueron diminutas si las comparamos con las que se mueven en las ligas europeas.

No se ha podido comprobar, al menos públicamente, el amaño de resultados, aunque sí es posible descubrirlos cuando estos decidan la entrada a un torneo internacional. Porque aquí sí que se “bate el cobre”: jugar la Copa Libertadores o la Suramericana representa salvar el año y un poco más. ¿Habrá quien se atreva?

El fantasma ronda

La tentación de las apuestas acecha por los cuatro puntos cardinales. En Brasil se desata una investigación por el acomodo de partidos descubierta por la intercepción de líneas telefónicas entre jugadores y apostadores, y en Chile se acaba de prohibir el juego en línea, una medida que en Perú, donde funcionan unas cincuenta casas de juego, también se estudia eliminar.

En Colombia también han proliferado, y eso es posible observarlo en la televisión por cable. El fútbol del mundo no podía escapar a este fenómeno indetenible, pues el futbolista, y también el aficionado, buscan salidas a sus inquietudes en procura del dinero fácil.

Por eso han surgido las apuestas legales, muchas de ellas que pueden hacerse desde casa, aunque este movimiento, y según arrojan algunos serios estudios, podría ir cambiando para mal la naturaleza del deporte.

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