jueves, mayo 30, 2024
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La nueva guardia toma el testigo

Disfruten de una nueva entrega de "Camiseta 10" por Cristóbal Guerra

Luego de una larga época en la que no se vislumbraban en la lejana línea del horizonte nuevo nombres, los equipos de Caracas anuncian una generación de técnicos que, sin mirar hacia atrás, sin los prejuicios de viejos hábitos, toma el testigo y apunta hacia un porvenir de proyectos firmes. De aquel tiempo dejaron sus huellas José Julián “Pepito” Hernández, Manuel Plasencia, Rafa Santana, Francisco “Pollo Ronco” Sandoval, Nerio Hernández, todos llegados desde Islas Canarias a Venezuela en días de infancia. Fueron ellos, ya muy venezolanos y junto a otros pocos, los que dirigieron el fútbol nacional y, aunque no llegó a logros trascendentes en sus afanosas manos, sí hay que decir que alcanzaron victorias que aún se recuerdan en el las charlas de café, cerveza y recuerdos imborrables.

No todos los nuevos conductores del fútbol caraqueño van a debutar esta temporada pues ya han tenido jornadas anteriores, pero sí entran en el grupo de los que llegan con una nueva visión. Aún son jóvenes, arriesgados, aventureros, temerarios, respetuosos del pasado pero con las remozadas ideas de que algo y mucho hay que cambiar.

Leonardo González (Caracas), Francisco “Kike” García (Deportivo La Guaira), Daniel Sasso (UCV), y José María Morr (Metropolitanos) forman los mosqueteros del “todos para uno, uno para todos” que pretenden modificar una estructura en la que aún persisten planes del pasado, esquemas repetidos y manifiestos que no van a ningún lugar. Hace algún tiempo, Plasencia, con su profunda veteranía, planteó la posibilidad de armar un comité con algunos de ellos para de esta manera planificar y dirigir a la selección Vinotinto y poniendo a uno como tutor, que podría haber sido según su visión Richard Páez, para sacar partido a la aquilatada experiencia del merideño en estos menesteres de equipos nacionales.

El proyecto, aunque gustaba a muchos de los entusiastas que ven en el fútbol una manera de expresión, un sentimiento nacionalista, no pasó de ser una utopía, un sueño de conversaciones entre amigos, y apenas quedó en la mente y los papeles mojados del ideario de Plasencia.

Así pues, que en el campeonato que habrá de comenzar en pocos días habrá una competencia para ver cuál de ellos tiene la razón. Por lo que dijimos antes en relación a la cuestión estructural del fútbol venezolano, no será esta una tormenta alucinada de novedades, pero sí habrá que estar pendientes de sus maneras de trabajar y desarrollar estilos de juego, tácticas y estrategias.

Y que ojalá no estén pendientes de copiar exactamente modelos europeos, sino más bien de “criollizar” el fútbol del país con concepciones modernas y de sentido práctico, y según el perfil y modos particulares del futbolista venezolano. Es decir, darle personalidad propia a un lenguaje que podría conseguir, al fin, su verdadera identidad. La nueva guardia toma el testigo.

Caraqueño pero tachirense

El caso de Eduardo Saragó es tan particular. Nacido en Caracas, no dirige a ninguno de los equipos que se empujan y bregan en la capital del país. Con todo su curriculum, con toda su experiencia ganadora, ha ido a dirigir al Táchira y no le ha ido mal: campeón de la finalizada temporada.

Bueno, y luego de dirigir al Zamora (en 2008), ya ha estado moviendo sus brazos en las canchas de la gran ciudad con el Deportivo Italia y con el Caracas luego de haber dirigido al Lara, con el que ya probó a ser monarca.

Como sucede con la mayoría de técnicos, ha ido de aquí para allá, y después de liderar en 2017 al Deportivo La Guaira, llegó a San Cristóbal para colocarse en la cabeza su segunda corona como amo del título.

Vaya con Eduardo Saragó, que parece andar por las canchas de fútbol con la alquimia para convertir el juego en victorias resonantes.

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