jueves, febrero 22, 2024
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La “piñata” de la Libertadores

Academia Puerto Cabello y Defensor Sporting se despliegan en la cancha con sus uniformes rojo y blanco, según cada equipo, suena el silbato arbitral y la Copa Libertadores da comienzo a su función de estreno, versión 2024.

Los aficionados de vieja data han de extrañar los formatos de la antigua Copa, la de los comienzos de los tiempos, especialmente porque ahora los equipos dan vueltas y revueltas para llegar a la llamada fase de grupos, que es como se concebía al torneo que convoca a los cuadros más importantes de América del Sur.

Pero la Libertadores, como las eras, se ha ido modificando, introduciendo nuevos elementos en función de “democratizar” su composición y de que participen, así sean en instancias previas, a clubes que en otra época solo en sueños podrían ser coperos.

A Venezuela venían Boca Juniors, River Plate, Peñarol, Nacional, Fluminense, Botafogo, Colo Colo, Emelec, Universitario de Deportes, Millonarios y pare usted de contar. Era la “creme de la creme”, la aristocracia del fútbol, alimentada porque tales clubes venían con los cracks legendarios en un tiempo en que muy pocos de ellos cruzaban el mar para enrolarse en equipos europeos, así de difíciles eran las transacciones de entonces. Aquellos recuerdos, aquellos jugadores, aquellos equipos…

La Libertadores fue el altar para consagrar a Portuguesa, ULA Mérida y Atlético San Cristóbal, semifinalistas entonces, en tiempos en los que se llegaba lejos sin tener que jugar la cantidad de partidos de hoy. Se consumía la ronda de grupos y de una vez se llegaba a semifinales, donde los esperaban los “tigres” de la época.

La Copa también se ha estirado, se ha llenado de equipos sin nombres sonoros por el mero hecho comercial. El fútbol suramericano es hoy una industria floreciente, multitudinaria, de pasiones y dinero en las arcas, una circunstancia que por provechosa no se puede despreciar así nada más.

De su piñata de plata todos tienen su caramelo; inclusive, aquellos equipos, como en el caso de algunos venezolanos, que no forman parte del escuadrón copero. Después de Puerto Cabello también entrará en juego el Portuguesa (de regreso al plano internacional el cinco veces campeón de Venezuela), mientras que en la grande, la etapa de grupos, estarán el Deportivo Táchira, campeón, y Caracas, segundo en el campeonato nacional.

Esta repartición mencionada ha sido buena para aquellos pobres de la tierra, porque adquieren algunos recursos salvadores para paliar sus disminuidas cuentas bancarias.

La Copa se ha hecho parte de la tradición de estos países, y aunque ya carece de aquel charm de otra era, sigue siendo un magnífico encuentro, lleno de luces y color. Entrar en ella, así sea por la vía de previas puestas en escena, no deja de ser un motivo para sacar el pecho y sacar las banderas del orgullo.

“Jugué la Libertadores, ¿cómo te parece?”

2009, año de desencuentro

Los equipos venezolanos han de decir que ese noveno año del siglo actual nunca debió existir. Porque fue a partir de entonces cuando creció una muralla entre ellos y la clasificación a segunda fase de la Copa Libertadores, que no los ha dejado pasar.

Se han hecho esfuerzos, se han ganado puntos y partidos, más no los suficientes para acceder a una ronda que se ha vuelto absolutamente prohibida para los de estos lados.

Han pasado ya catorce años sin que siquiera uno de los nacionales dé el salto, porque siempre algo pasa, un extraño sortilegio que ronda encima de sus jugadores y los conduce por los senderos del fracaso.

Los bromistas de las esquinas dicen, no sin cierta sabiduría, que si se descuidan van a igualar a los Tiburones de La Guaira en años sin alcanzar la corona. Bueno, de catorce a treinta y ocho hay todavía un enorme trecho…

EN TIPS

Olímpico. Era una delicia esperar la llegada de los equipos suramericanos al estadio de Caracas. Por entonces parecían máquinas perfectas de jugar al fútbol.

Argentinos. En 1966, llegaron Boca Juniors y River Plate a enfrentar a Lara e Italia. Ver a Silvio Marzolini desplegar por el lateral izquierdo era una fiesta.

Brasileros. Siempre se esperó, pero la diosa fortuna no lo quiso. La afición venezolana esperó la aparición del Santos, solo por ver jugar a Pelé y su corte mágica.

Venezolanos. Jugadores salidos de las canteras nacionales dieron notas en la Copa. Luis Mendoza, David Mota, Daniel Nikolac y Noel Sanvicente dejaron su estela.

Carreritas. En los años 60 y 70, los equipos sedes debían pagar a los árbitros. Fue una angustia ver a los directivos recogiendo dinero

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