El péndulo ha ido de un lado a otro sin detenerse en un nombre de manera definitiva. Luego de los dos últimos mundiales parecía que Kylian Mbappé era la figura indiscutible, el hombre llegado desde quién sabe cuál galaxia para llenar todo el fútbol del planeta Tierra. Entonces, desde Alemania, comenzó a deslumbrar como un sol encendido Erling Haaland.
Sus goles imposibles, su presencia asustadora le fueron cimentando una fama que le llevó al Manchester City, donde rompe arcos como si hubiera nacido para esa misión destructora. Y calladamente al principio, pero haciendo ruido sordo pocos meses después, apareció en España un tal Vinicius, puntero izquierdo, un celaje moreno que con velocidad de luz tiene andando de cabeza a los zagueros de Europa. Entre tantos otros, le marcó uno esta semana al Manchester City que al técnico adversario Josep Guardiola no se le va a olvidar…
Francia, Noruega, Brasil.
Tres valores de tres países que dejan en evidencia la característica universal del fútbol. Mbappé (24 años de edad) es un monstruo que cuando arranca aparta a los zagueros de su camino. Nadie puede saber por dónde llega, de lo impredecible que es, y menos conocer el destino de la pelota cuando esta sale, como un disparo de misil y a puro fuego, hacia el territorio enemigo. Entonces llega Haaland (22), más franco que Mbapeé en su accionar, más adivinado en su estética, pero igualmente indetenible.
Le llega a la pelota y la pelota a él, se despega a tranco limpio de gigante rubio, y agárrenlo, deténganlo por favor, porque es un torbellino tan bravo como el huracán Katrina en su momento más furioso y devastador. Ajá, y llega Vinicus, con esa gracia y esas artes de improvisación que nunca avisa del mal que se va a morir el frustrado adversario. Pica, deja atrás al mundo entero, y casi siempre acuña un centro para Karim Benzema que si no es un poema está cerca de serlo…
Entonces, ¿Quién es el mejor de los tres, a quién le va corresponder ser el jugador de la nueva época? ¿Cuál de ellos recibirá el cetro y la responsabilidad de llevar el estandarte del tiempo actual? Cada uno vive en su reino, cada uno ofrece su fútbol de fantasía.
¿Con cuál se queda usted? Caramba, que bueno sería amalgamar sus virtudes y sortilegios, sus facultades de prestidigitadores para hacer de los tres, convertidos en solo uno, el jugador de jugadores. Es solo una aventura de la imaginación, una jugarreta de las palabras; o, tal vez, y solamente, “visa para un sueño”, como diría en su canto lírico Juan Luis Guerra.
Nos vemos por ahí.





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