lunes, agosto 8, 2022
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Un partido serio, ahora sí

Disfruten de una nueva entrega de "Camiseta 10" por Cristóbal Guerra

Enfrentar en un partido a Arabia Saudita no es lo mismo que tener que vérselas con la selección de Malta. Desprovista de categoría y de fútbol del bueno, fue ante la Vinotinto un equipo de paso. Chocar con los árabes, con toda la exigencia que ello implica, ha de ser otra cosa. Con este equipo habrá exigencia, sudor justificado, porque su juego es veloz y bien fundamentado, aunque habrá que admitirlo, falto de profundidad. Bastaría con saber que están en el Mundial de Catar, y en la misma zona de Argentina, México y Polonia para entender que será un partido en serio. Y aun sin jugarlo habrá que celebrarlo, porque cómo le cuesta al país conseguir encuentros con selecciones de elevado nivel, especialmente en los días de alistamiento para los compromisos mundialistas. Arabia viene de caer ante Colombia, pero parámetros así, en partidos de este tipo no son concluyentes. Los jugadores venezolanos van hoy a tener que correr, correr de verdad, y para el cuerpo técnico  será la gran oportunidad de ir al fondo de la posibilidades, especialmente de ir definiendo al grupo posible de la titularidad en lo que habrá de venir: la Copa América y el Premundial 2026…

Mirando la posibilidad de que Perú entre en el Mundial de este año si vence a Australia en el partido de repesca, América del Sur completaría a cinco selecciones en Catar; cinco de diez en la carrera premundialista, una cantidad que parece no solo suficiente, sino exagerada que de cierta manera desdice la teoría de que la de Suramérica, “es la eliminatoria más difícil del mundo”. Eso está por verse. ¿En qué continente del planeta Tierra clasifican la mitad de los países? Y, siendo un tanto descarnados, ¿para que ha servido? Desde que en Corea-Japón, Brasil llegar a la cima, Europa se ha adueñado de todos los mundiales. Pero bueno, habrá que desear el triunfo peruano ante los oceánicos por afinidad, por la llamada solidaridad latinoamericana…

Monstruo: pocas veces, casi nunca, entreveramos otro deporte en esta columna. Sin embargo, ver a Rafael Nadal el pasado domingo pasar de largo en a final del Roland Garros nos trajo a la memoria un adjetivo muy usado en el fútbol cuando vemos a un jugador que despunta: “monstruo” le llaman, como una forma de decirle “te admiramos”. Y admirado quedó el tenis, el mundo entero ante el jugador español, una máquina de mil caballos de fuerza, una turbina encendida de un jet de largo alcance, un verdadero y legítimo monstruo como no hay otro hoy día en el deporte universal.

Nos vemos por ahí.     

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