lunes, junio 24, 2024

Un torneo diferente

Disfruten de una nueva entrega de "Camiseta 10" por Cristóbal Guerra

Comparar un Preolímpico con otro debe ser una de las tareas más inútiles del fútbol. Como los Sub17 o los Sub20, es también un torne de edades, Sub23 en este caso, aunque con los jugadores ya más formados que en las categorías anteriores.

Pocas veces se da que un jugador de menos de 23 años de edad repita en otro campeonato, porque al final de todo son torneos tránsfugas, de un día, y los muchachos siguen de largo en procura de solucionar sus sueños y resolver su economía.

Venezuela ha tenido en esta fase de la vida magníficos equipos, como el actual, aunque normalmente los jóvenes se van al profesional y entonces todo queda como un lejano recuerdo. Hay casos, de todas maneras, como el de David Martínez, quien aún no cumple los dieciocho. Pero, cuando llegue el próximo Preolímpico, y aunque él esté en la edad de competir, seguramente y en razón de su calidad estará en otro punto de su carrera…

La Vinotinto tuvo equipos competitivos en el 92, en Asunción del Paraguay, y en el 96, en Argentina. Por eso es que, y esta interrogante siempre flota en la atmósfera del fútbol nacional, no se llega a grandes logros en los selecciones nacionales, propiamente dichas, de las que se afanan en los Premundiales de la región. Son una suerte de misterios, o más bien, vacíos de formación en las divisiones menores.

Tal parece que en los últimos años se está haciendo un trabajo serio, perfilando las condiciones físicas y tácticas en los jugadores venezolanos. Siempre hemos sostenido que los futbolistas de aquí son, desde la óptica técnica, casi tan buen como los mejores de Suramérica; los vacíos están en los anotados anteriormente.

Las diferencias entre un jugador criollo y un brasilero o argentino, por ejemplo, se notan en las evoluciones de cada partido, casi siempre balanceadas con el arrojo, la entrega generosa y la fiereza de los de aquí…

El partido del lunes en la noche fue un poco de eso. Los argentinos, conocedores de su talento y fieles a su escuela de toda la vida (siempre nos ha parecido que son ellos y los peruanos los que más respetan su historia), llevaron la pelota y defendieron sus esquemas, y los venezolanos, en la suya, limaron hasta llegar al hueso.

Bien, un empate que no dejó a nadie plenamente satisfecho, y el Preolímpico y los cupos a París a disposición de las cuatro selecciones en brega. Por cierto: ¿qué pasaría anoche en el Brígido Iriarte entre Brasil y Venezuela? ¿Sería un partido parecido al de la primera ronda o habría otros valores en juego?

Nos vemos por ahí.

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