martes, diciembre 6, 2022
InicioOpinionesCristóbal GuerraVinicius, el baile de la discordia

Vinicius, el baile de la discordia

Disfruta de una nueva entrega de "Camiseta 10" por Cristóbal Guerra.

Habría que preguntarle a Vinicius sus razones para bailar como baila luego de un gol del Real Madrid. No se puede saber si lo hace para faltarle el respeto “a tus compañeros de profesión”, como ha exclamado, en el colmo de su furia, Pedro Bravo, o si allá, en lo más profundo de sus entrañas está evocando sus días de pelotas en las playas de Río de Janeiro donde vio crecer su genio futbolístico guardado en su flaca figura, mientras veía pasar garotas de tangas diminutas y cuerpos cimbreantes y deseados.

Pero de lo que sí se puede estar seguro es que no imaginó que las reacciones en toda España, país volcado hacia los asuntos del corazón tanto como a los propiamente futbolísticos, iban a caer en la sociedad con esa explosión de C-4. Tanto es así, que ahora se habla más allá de Vinicius y su movimiento de piernas y cintura que de la muerte de la Reina Isabel II. Porque el baile del jugador se ha volcado hacia esa deriva; los jóvenes, siempre iconoclastas, siempre festivos y locos de atar, ríen con los pasos ensayados junto a la raya de cal como si aquella manifestación “del Sambódromo”, como dijera despectivamente el Presidente de la Asociación Española de Agentes de Jugadores, es una manera de burlarse de la realeza hispana y de admiración al jugador de piel negra y sonrisa ancha.

No obstante, todo este enojoso tema, que de ser festivo ha pasado a ser un aparatoso enredo de carácter social, está rociado por el abominable asunto de la discriminación. Los aficionados del Atlético de Madrid, rabiosos porque no consiguen la manera de vencer al Real Madrid, la han cogido con el pobre Vinicius. Sus cantos, racistas y resentidos, chocan con las campañas de los nuevos tiempos. El muchacho, recogiendo el guante de la defensa, dispara: “La felicidad de un negro brasileño en Europa molesta”.

La segregación está, como una endemia, incrustada en la memoria vital de algunos, y un partido de fútbol, especialmente si es entre los dos rivales de la capital, es escenario propicio para soltar sus escondidos complejos: el circo romano no ha muerto, en la arena están el león de los prejuicios y los instintos brutales contra el hombre sensato sin que importe el color de su piel.   

No sabemos si han ido muy lejos el delantero, Bravo y Josep Pedrerol, conductor del programa “El Chiringuito de Jugones” y quien le ha dado voz al agremiado de jugadores, ni si se han medido las consecuencias en el contexto donde la situación ha trascendido. El día del partido entre los clubes madrileños vimos bailar también a Rodrygo, y tal vez, en el próximo choque entre estos dos antagonistas veremos danzar, en solidaridad de compañeros, a todo el equipo. Si tal desmadre llegara a pasar, ¿qué irán a decir Bravo y todos los que cantaron a coro “mono” a las puertas del estadio Cívitas Metropolitano? “Llamarán “mono” hasta al árbitro de entonces?

Cuidado con celebrar

Los movimientos de Vinicius y Rodrygo serán motivo de vigilancia. Árbitros, técnicos, afición y periodistas estarán pendientes a ver si continúan su festín: ¿qué actitud tomarán cada vez que Real Madrid anote un gol? ¿Pensarán en lo que les espera, para bien o para mal, luego del partido? Todo este tejemaneje de los dos atacantes suramericanos seguramente se pondrá de moda, porque el fútbol, evento universal, tampoco escapa a los movimientos del mundo actual. Por extensión, los jugadores de otros equipos seguirán el baile, sin querer imitarlos aunque se mueran de ganas por hacerlo, para no caer en el lodazal pegajoso de la ácida crítica. Bueno, quién lo iba creer: de una celebración de gol, de una alegría incontenible por marcarlo desde las trincheras del campeón de Europa, a las primeras página WEB de España y buena parte del planeta.   

Pelé

Hasta la irrupción del astro los festejos en la cancha eran tumultos de futbolistas. Él individualizó la fiesta con una carrera y el puño muy en alto.

Cristiano

El portugués hizo suya las llegadas al banderín de corner para luego saltar, dar una pirueta en el aire y colocar las manos a la altura de la cintura.

Costumbres

Han sido muchas las maneras de hacer suyos el jolgorio para anotar un gol. Cada jugador, de cada equipo, se la inventa. Casa cual lo hace a su manera.

Arqueros

Vicente Verdú, en su libro “El fútbol: mitos, ritos y símbolos”, comparaba a los guardianes del arco con las madres: se olvidan de él en la celebración.

Erotismo

Algunos analistas de movimientos humanos han conseguido en la euforia de los futbolistas luego de anotar una insinuación con cierto sentido sexual.   

Deja un comentario

Lo último