miércoles, agosto 17, 2022
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Franceso Stifano dio en la tecla con Guarirapa en su hábitat

Después de ocho fechas de exhibir las dudas propias de un equipo que se adapta a las propuestas de un nuevo entrenador, el Caracas  de Francesco Stifano dio con la tecla del funcionamiento en el ataque en el mejor escenario posible, en el clásico ante el Deportivo Táchira, donde las virtudes y los errores de los equipos se acentúan.

El Caracas de Stifano había exhibido un fútbol muy discreto hasta del duelo del viernes en el Olímpico, como reflejaban las dos victorias en  seis jornadas y el puesto 11 de la tabla. La ausencia de Akinyoola en los dos primeros choques del nuevo campeonato, a la que se unió la sanción de Osei,  que apenas regresó a la alineación en la sexta jornada en el empate sin goles contra Academia Puerto Cabello, obligó al técnico a probar alternativas con el ecuatoriano Denilson Ovando y Saúl Guarirapa abiertos por los costados y Akinyoola como falso nueve, jugando de espaldas al arco para recibir y descargar, o bien intentando dar circulación al balón en plan de medio creativo.

Lo cierto es que en esa búsqueda de encajar cada pieza del rompecabezas, el Caracas de Stifano mostró varios rostros. Pareció  un equipo chico, indefenso, entregando la iniciativa al rival y metido contra su arco; un planteamiento que derivó  en la estruendosa derrota 3-0 ante Metropolitanos.

Después de este golpe se recompuso y exhibió la ambición que siempre se exige al equipo más ganador del fútbol venezolano, en un partido en el que Stifano comenzó a dar con la tecla justa, apostando ante Deportivo La Guaira por un poderoso tridente ofensivo comandado por Akinyoola, Guarirapa y Osei.

El triunfo 3-2 con un primer tiempo soberbio y pasajes de angustias en el cierre del compromiso indicaron el camino para enfrentar el clásico ante Táchira.

El triunfo 2-0 sel sábado en el Olímpico se construyó a partir de la movilidad de Akinyoola en permanente contacto col el balón para organizar el ataque y servir de lanzador con sus pases a campo traviesa para conectar con los desmarques de ruptura de Osei.

La expulsión de Robert Garcés por una torpe e innecesaria falta en la mitad del campo que le costó la segunda amonestación al final del primer tiempo facilitó la labor de Akinyoola. En la segunda parte el africano consiguió más espacio para maniobrar con soltura y volvió a demostrar que jugando de frente al arco es imparable en el fútbol venezolano.

La pared que trenzó con Guarirapa para anotar el primer gol del partido, y el segundo de la temporada en su cuenta, fue una obra de alta factura, que sirvió para confirmar otra sospecha. El hábitat natural de Guarirapa es el área. No tiene el desborde ni la habilidad con el balón para moverse como extremo por la izquierda, donde pierde eficacia y se devalúa un delantero nato, que tiene el físico, la estatura y la potencia para ganar por alto y por bajo.

De hecho, los dos goles del Caracas se obtuvieron con Guarirapa metido en el corazón del área. El primero, aguantando a los centrales de Táchira,  jugando de espaldas al arco para servir de pivote y con un exquisito toque armar la pared para que Akinyoola recibiera de cara y fusilara a Cristopher Valera.

El segundo tanto fue producto de un cabezazo certero de Guarirapa, ganando con sobrada ventaja a los zagueros gracias a su potente salto vertical de basquetbolista. Stifano tendrá que buscar otra alternativa para jugar de extremo por la  izquierda y devolver a Guarirapa al lugar donde es más útil.

Se trata, además, del delantero de su categoría más prometedor que tiene el país para tomar el testigo que Salomón Rondón dejará inevitablemente en la Vinotinto. El técnico ya dio en la tecla en el partido contra Táchira y de ahora en adelante queda afinar la partitura en el duro partido del miércoles contra The Strongest, donde hará falta sumar para seguir con vida en la Copa Libertadores.

La reclamadera excesiva de los jugadores atenta contra el juego

na de las fallas del fútbol como espectáculo televisivo en Venezuela es el propio desconocimiento que tienen los protagonistas de las transmisiones, jugadores, cuerpo técnico y árbitros, de la necesidad de que haya un ritmo constante.

Lo que hacen tan atractivo a la principal liga del mundo, la Premier League de Inglaterra, es que el balón siempre está en juegos, los árbitros no cortan las acciones por cualquier empujón intrascendente y cuando sancionan una falta, el juego se reanuda con celeridad, sin contemporizar en largas explicaciones con los jugadores.

Si uno mira los partidos de la Liga Futve, lo común es que las acciones se corten por excesos de faltas torpes e imprudentes, a lo que se añade los inagotables reclamos de los jugadores para presionar e intentar modificar las decisiones de los jueces.

La Liga haría bien en analizar el tiempo que se desperdicia y sensibilizar a los protagonistas del juego sobre ese defecto. Ya no se juega solo para ganar, sino para brindar un espectáculo ameno en un mercado global.

En el clásico del sábado fue notorio como cualquier decisión del principal José Uzcátegui producía un arremolinamiento de jugadores, exigiendo explicaciones, reclamando de manera insistente con la consecuente interrupción del ritmo del partido y ensuciando la puesta en escena del choque más esperado y atractivo de la jornada.

La merecida segunda expulsión que se ganó Robert Garcés no atentó contra el espectáculo, como se repitió en la transmisión televisiva, pues el trabajo del juez es aplicar el reglamento a pie juntillas bien sea en un clásico o un partido de solteros y casados. Lo que sí afecta el juego es la reclamadera sin sentido de los jugadores.

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