viernes, marzo 1, 2024
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Otra carta llega desde el más allá

Disfruta de una nueva entrega de "En la Pelota" por Juan Vené

De Bill Klen a Ángel Hernández

De mi consideración:

Otra vez ha logrado Ud. Ángel Hernández, revolverle el estómago y el cerebro a todo el beisbol, con una sentencia que ni equivocación parece, ya que sólo tiene fisonomía de imbecilidad.

¿Por qué tan seguido, señor Hernández?

Sí, señor Hernández, todos los umpires nos equivocamos. Yo también durante mis 37 años (1905 y 1941) vestido de negro en la Liga Nacional, me equivoqué algunas veces. Pero no tan seguido, ni en sentencias tan fáciles.

Esa última suya contra Bryce Harper fue un ejemplo de cómo se labora para ser el peor umpire en la historia. Una sentencia que no le exigía ser inmediata, que le daba tiempo a pensarla, porque era una apelación acerca de un swing. Y Ud. la falló estrepitosamente, sin piedad, sin compasión.

Dejó strikeout a Harper, quien estuvo muy lejos de hacerle swing a aquel lanzamiento. ¡Qué necesidad tiene Ud. de ser tan torpe, de exhibirse con tal incapacidad tan seguido!

Como el comisionado Rob Manfred no lo despide por falta de autoridad y por temor a otra demanda, váyase por decisión propia, se lo ruego y se lo ordeno. Sus 31 años en estas labores en Grandes Ligas han sido los peores desde que existe el beisbol.

La mayoría de los centenares de umpires habidos en las Mayores hemos sido aceptables, justos o muy buenos. Recuerdo al pintoresco Ron Luciano, al cubano Armando Rodríguez, al mexicano Alfonso Márquez, al puertorriqueño Roberto Ortiz, a Ramón De Jesús, dominicano; a Manuel González, de Venezuela.

Al primer negro en Grandes Ligas, Emmett Ashford.

Y puedo citar con admiración también a algunos que no actuaron en las Mayores, pero fueron excelentes, como Raúl (El Chino) Atán, de Cuba; Roberto Olivo, Gualberto Acosta y Juan Loaiza, de Venezuela.

Cuando le protestaban alguna sentencia, Gualberto solía responder con toda seriedad: “El único que no se equivoca es Papá Dios”.

Y recuerdo que una tarde expulsaron de un estadio de Grandes Liga al organista, porque al aparecer los cuatro umpires en el terreno, interpretó una melodía llamada “Los Cuatro Pájaros Ciegos”.

Puedo recordar mucho de bueno y de no tan bueno, tanto mío como de otros umpires, pero nada tan malo, tan detestable, tan irresponsable, como su trabajo. Además, es tan ridículo, que ha demandado a Major League Baseball por discriminación, ya que no lo llevan a eventos especiales. ¡Qué tupé! Ya es un atentado contra el beisbol, dejarlo actuar en juegos de los calendarios regulares.

A Ud. no le deseo nada. Al beisbol le deseo que Ud. se vaya, tan pronto como esta tarde, o antes, de ser posible… Bill.

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