martes, mayo 17, 2022
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Visión de juego | Repetir oro en la espada olímpica ha sido imposible desde 1904

Rubén Limardo acostumbró al país a celebrar tantos triunfos a lo largo de esta década que verlo caer nuevamente en su primer combate de los Juegos Olímpicos parece una catástrofe, y los odiadores de cualquier ralea aprovechan el momento para lanzar los epítetos más lamentables sobre un atleta que solo merece respeto por sus indiscutibles logros deportivos.

Lo conseguido por el esgrimista guayanés es inconmensurable, y quién sabe si algún día podremos ver a otro espadista dominar la pedana con la suficiencia que lo ha hecho Limardo, ganando campeonatos y Juegos Panamericanos, copas del mundo, dos medallas de plata en campeonatos mundiales y un oro olímpico.

La espada es un arma que han dominado los europeos. Solo dos atletas del continente americano han podido romper la supremacía ejercida por los esgrimista de Francia, Italia, Hungría, los países que más finales y medallas han obtenido en el arma más estratégica en los duelos en la pedana. Uno de ellos fue el cubano Ramón Fonts, que se había formado en Francia, donde aprendió el arte de tocar si ser tocado y ganó sendas medallas de oro en los Juegos Olímpicos de Francia en 1900 y los de San Luis 1904, cuando las competencias se celebraban en el marco de las exposiciones de la Feria Mundial.

Es tan competitiva esta arma y son tantos los rivales de calidad que surgen año tras año, que en 120 años de la esgrima apenas el cubano Fonts ha podido ganar dos medallas de oro y, además, de manera consecutiva.

Ni siquiera uno de los espadistas más memorables del siglo pasado, el italiano Edoardo Mangiarotti, uno de los más laureados en la historia de este deporte con seis oros pudo disputar otra final por este metal en la competencia individual.

En los tres últimos Juegos Olímpicos los favoritos a llevarse la presea dorada han rodado inexorablemente ante los talentos emergentes en esta arma. El elegante Fabrice Jeannet, un francés de origen antillano, arribó a Beijing 2008 como la gran figura de la competencia en compañía del venezolano Silvio Fernández, clasificado como número 1 del ranking mundial.

Pero el venezolano se topó con la experiencia y el contraataque feroz del húngaro Gabor Boczkó y cayó 15-9 en un muy sufrido combate para el caraqueño.

Jeannet había paseado a todos los rivales con su estilo depurado que rozaba la perfección artística. Solo que la final se topó con la inspiración del italiano Matteo Tagriariol que a fuerza de réplicas sacó de distancia al francés, lo hizo perder la seguridad y se lo devoró con un sorprendente 15-9 para darle el oro a Italia.

En Londres 2012, Limardo rompió con la hegemonía europea, dio el primer oro a América en un siglo y la tercera dorada en la historia de Venezuela. La esgrima explosiva del venezolano con sus cambios de ritmo y sus ataque en flecha marcaron un camino distinto para llegar a la final.

Pero ni Limardo ni el coreano Sang-Yeong Park, oro en Río 2016 contra todo pronóstico, repitieron la hazaña de oros consecutivo del cubano Fonts, porque de nuevo apareció un gallo tapado en la pedana. El francés Romain Cannone no había ganado un título importante en su trayectoria internacional, hasta la jornada de ayer en la que arrasó con todos los rivales, incluyendo la final con el húngaro Gergely Siklosy, campeón del mundo. Así de impredecibles son los combates de esgrima.

Rubén Limardo representa la constancia de un guerrero

La esgrima venezolana llegó al cénit en 2012 con el oro de Rubén Limardo, luego del surgimiento de una generación de atletas que consiguieron ubicarse entre los mejores del planeta en sus respectivas armas. Silvio Fernández llegó a ser el número 1 de la espada en 2008, Rubén Limardo fue campeón mundial juvenil y panamericano antes de su eclosión definitiva con el oro en Londres y otro par de medallas de plata en mundiales; Mariana González fue la reina del florete continental; Alejandra Benítez y Carlos Bravo dominaron el sable en Suramérica, y María Martínez fue una de las mejores espadistas del continente.

Pero esa generación luminosa fue dando un paso al costado desde Beijing 2008, y solo Rubén ha resistido al paso del tiempo, permaneciendo como el mejor espadista de América y uno de los 10 mejores del planeta.

Así que su decisión de continuar un nuevo ciclo en busca de su quinta participación olímpica en París 2024 está sustentada por su entrega infatigable y los resultados. Nadie puede reclamarle que no haya ganado medallas en los dos últimos Juegos Olímpicos, porque simplemente esa hazaña es muy difícil de alcanzar en este deporte. En los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro presenciamos un hecho memorable en la espada olímpica.

En sus quintos Juegos Olímpicos el húngaro Géza Imre, un verdugo de los venezolanos en copas del mundo, llegó a su primera disputa por el oro a sus largos 41 años, la edad en que otros ya están en el retiro. Perdió en un cerrado combate con el surcoreano Sang-Yeong Park, pero demostró que la constancia premia a los valientes. Limardo tiene el corazón de un guerrero y lo veremos en París dando batalla.

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