sábado, noviembre 26, 2022
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Camiseta 10 | Olvídense: solo queda el repechaje

Tranquilicen los nervios, abróchense los cinturones porque el vuelo va a comenzar.

La jornada dieciocho y final del Premundial Suramericano, aquella que bajará el telón y dejará atrás tanto jolgorio y tanta lágrima en su ruta hacia Catar, está por comenzar. Será un viaje de sobresaltos, de vientos encontrados y mal tiempo, porque las tres selecciones en procura de un cupo al llamado repechaje no se darán tregua en una competencia feroz, a dejar la vida por todas las cuestiones deportivas y económicas envueltas en su difícil tráfago.

Si el jueves pasado la atención del continente estaba en el discutido partido Uruguay-Perú jugado en Montevideo, hoy el interés se bifurca y se abre, como el delta de un río, hacia Lima, Puerto Ordaz y Santiago de Chile. Esa noche, los uruguayos alcanzaron el Mundial por vez número catorce, y fíjese como son las cosas en el fútbol: Ecuador, que cayó ante Paraguay, también se metió en los estadios de Doha por la caía de Perú ante la celeste para inscribirse por cuarta vez en el encuentro universal.

Pues bien, ahora regresemos al definitivo día de mañana.

En la capital del imperio inca la tensión subirá al Machu-Pichu, pues la selección peruana tendrá que batallar hasta la extenuación ante el eliminado, pero siempre filoso Paraguay. Con veintiún puntos, solo tendrá que vencer para hacerse del lugar que le garantice el partido de repesca ante Australia o Arabia Saudita. Así pues que Perú, que siempre anda metido en situaciones de alto riesgo, correrá con ventaja por el puesto de adentro.

En el estado Bolívar, Colombia tendrá que mirarse a los rostros y, con el alma en vilo, jugarlo todo ante una Venezuela que se quiere despedir, y anunciar el inicio de su carrera hacia el 2026, con una victoria que mucho le ha de significar. Los colombianos, con solo veinte puntos, tendrán no solo que vencer, sino depender de otro resultado: ligar que Perú pierda o empate en su lance ante los paraguayos, sin importar lo que haga Chile (que tiene diecinueve) ante Uruguay, en la capital del país austral.

El fútbol está lleno de cosas inesperadas, prodigiosas, como la derrota de Italia ante la futbolísticamente desconocida Macedonia del Norte, y de situaciones parecidas a aquella de caminar por el borde filoso de un acantilado, como será la jornada definitiva en Suramérica. Tal vez sea esa la razón fundamental para que el fútbol, como dice Manuel Plasencia, se parezca tanto a la vida.

Un gol que sí fue, un gol que no fue

El partido Uruguay-Perú fue escenario de un episodio en el que la naturaleza humana enfrentó a la tecnología. Una pelota disparada por un jugador peruano fue a tener al arco uruguayo; el árbitro dudó y por ello apeló al VAR. Este dictaminó que el balón había entrado 95%, y por tanto, no era gol.

En otro tiempo, quizás el juez lo habría validado, pero la máquina aclaró todo y evitó que los visitantes igualaran.

Ha sido el enfrentamiento de la posibilidad de errar frente a la infalibilidad de la computadora. Al final, ¿qué es mejor, acercarse a la condición humana o ser llevado por un aparato que no tiene alma ni corazón?.

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