miércoles, mayo 29, 2024
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Visión de juego | Leonardo González debería ser ratificado en la Vinotinto

La medida más sensata que puede tomar la nueva directiva de la Federación Venezolana de Fútbol es ratificar a Leonardo González en el puesto de seleccionador nacional de la Vinotinto. Al margen de los reveses ante Argentina, Perú y Paraguay, el trabajo del entrenador “interino” dejó aspectos que merecen ser reconocidos. En primer lugar está el compromiso de Leo para asumir el cargo de técnico, cuando las papas quemaban. Tuvo que dar un paso al frente y meter el pecho a las balas, producto de la salida intempestiva del portugués José Peseiro, tras rescindir el contrato por impagos.

Con su reconocida humildad y capacidad de trabajo, Leo enfrentó el reto de intentar sacar el barco a flote mostrando personalidad. En lugar de dejar todo como estaba y escudarse en las ideas que Peseiro venía incorporando a la selección, especialmente en la Copa América de Brasil, decidió mostrar sus propios argumentos sin ningún temor. Salió a ganar los tres puntos en cada partido con un once más atrevido, dispuesto a pelear por el control del juego a partir de la posesión del balón.

Pese a su escasos días de entrenamiento para afrontar la triple fecha, la Vinotinto mostró un corpus de ideas para moldear el juego que es menester analizar para justipreciar la labor de Leo en el banquillo. En la zona defensiva volvió a la tradicional línea de cuatro defensores, pero buscando más profundidad por los costados, ubicando por cada banda a jugadores con el perfil adecuado.

La banda izquierda, un martirio para los seleccionadores que habían morigerado la deficiencia por esa banda colocando a Roberto Rosales o a Robert Hernández a pierna cambiada, fue custodiada por Oscar González. El lateral zurdo del Monagas cumplió por ese sector, al punto que ninguno de los goles encajados por la Vinotinto llegó por su espacio, lo que ya es un progreso.

Bajo la breve gestión de Leo, Nahuel Ferraresi se consolidó como el mejor defensa central del equipo. Pese a su juventud (22 años), el tachirense fue el más consistente en una zona en la que Venezuela volvió a exhibir deficiencias. Ferraresi se fajó y controló a Messi, anuló a los peruanos Lapadula y Yotún cuando cayeron por su sector, y también batalló con el paraguayo Luis Amarilla. En el balance, Ferraresi destacó en la nuez de la defensa, tomando en cuenta que le correspondió adaptarse a cuatro compañeros distintos: José Manuel Velázquez (lesionado ante Argentina), Luis Adrián Martínez (expulsado ante Argentina), Mikel Villanueva y Jhon Chancellor.

En la mitad del campo, Leo también puso su sello. Restó un volante defensivo y apostó por más ataque. Su atrevimiento se vio desde el mismo partido contra Argentina en los que alineó desde el inicio a Yeferson Soteldo, Jefferson Savarino, Josef Martínez y al prometedor artillero, Eric Ramírez. El técnico trujillano entregó el puesto de fantasista a Soteldo y contra Paraguay tuvo el valor para agregar a Rómulo Otero para buscar más juego asociado.

Crear en el fútbol es más difícil que meterse atrás, destruir y dedicarse a contragolpear, como venía haciendo la Vinotinto durante los días de Rafael Dudamel y Peseiro. A ambos se le reclamó más determinación para buscar el arco rival. En el caso del portugués hay que reconocer que nunca tuvo disponibles todos los argumentos para hacerlo. Las fallas individuales en la defensa y la ausencia de jugadores esenciales como Salomón Rondón, Darwin Machís y Yordan Osorio, afectaron la convocatoria y la labor Leo.

Pero aún así, el técnico “provisional” enseñó una línea distinta en la Vinotinto, que con tiempo y trabajo puede dar frutos, siempre y cuando no se produzcan esos lapsus defensivos individuales que matan la labor de cualquier DT nacional o extranjero.

Los “procesos” de los entrenadores extranjeros ya no son posibles

La contratación de un entrenador extranjero tenía sentido en los tiempos en los que la mayoría de los jugadores de la selección Vinotinto jugaban en el país. Entonces, el DT podía convocar a los jugadores para realizar módulos de preparación en el país, como lograron realizar en su momento el serbio Ratomir Dujkovic o el argentino Jose Omar Pastoriza, pese a las reticencias de las propias directivas de los clubes.

Buena parte del éxito de Richard Páez, además de su innegable jerarquía, el profundo conocimiento del jugador venezolano y de su enorme liderazgo, fue debido a que parte de los futbolistas de la selección, como Rubert Morán, Ricardo David Páez, Gabriel Urdaneta, Jorge Rojas, Elvis Martínez y Jesús Vera, conocían de memoria el sistema de movimientos de zigzag de Páez para adelantar líneas, tocando al espacio en busca del hombre libre.

Ahora, la mayoría de los convocados militan en ligas extranjeras. Ningún técnico extranjero tiene tiempo de desarrollar ningún “proceso”. Su trabajo se limita a dar seguimiento a esos jugadores, presentar una lista de convocados
y armar un once competitivo a contrarreloj.

La FVF tiene que invertir en formación técnica y táctica aguas abajo

El problema de la selección nacional y del fútbol venezolano en general no es de un técnico con credenciales internacionales. No hace falta un salvador, sino un trabajo planificado aguas abajo para formar jugadores desde las categorías iniciales con más recursos técnicos y tácticos, inteligentes para leer los partidos y resolver en las circunstancias más apremiantes.

Este trabajo no es exclusivo de la Federación Venezolana de Fútbol, sino también de los clubes de primera y segunda división. La nueva dirigencia de la entidad debe invertir sus recursos en capacitar y certificar a los entrenadores de las asociaciones de todo el país, y unificar criterios sobre del jugador que se quiere formar con vista a las selecciones nacionales.

¿Qué tipos de defensas queremos? ¿Uno que se desentienda del balón con un pase profundo u otro que quiera salir jugador desde el fondo con categoría? Esa sensiblidad con la pelota hay que inculcarlo desde temprana edad, para que luego no veamos a un defensa nacional cediendo el pase-gol a un contrario.


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