sábado, julio 13, 2024
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Artillería de Richard Blanco tiene una pólvora inagotable

Disfruten de una nueva entrega de "Visión de Juego" por Gerardo Blanco

La inagotable productividad goleadora de Richard Blanco habría que clonarla para que su legado pudiera tener una secuela en un futuro distópico en el fútbol nacional. Pero no, lo del “Avioncito” es un caso único, tal vez irrepetible y casi sin parangón en nuestro país.

A los 41 años, cuando otros deportistas ya están retirados y dedicados a contar sus hazañas a los hijos y nietos, Richard Blanco es un ejemplo de trabajo, dedicación y amor por esta disciplina.

Si el Portuguesa ha recuperado su memoria de equipo grande del fútbol nacional, se debe en gran parte a la hercúlea tarea del artillero de La Guaira por seguir perforando las redes, con el mismo afán que lo hacía cuando se inició en sus tiempos juveniles con el Italchacao.

Cuando el inevitable retiro lo acecha desde hace varias temporadas, el “Avioncito” se niega a envejecer y mantiene su absoluta vigencia en el ataque. Los tres goles anotados ayer para darle el primer triunfo al “Penta” (3-1) ante Caracas en el estadio José Antonio Páez de la ciudades gemelas de Acarigua-Araure y revivir la ilusión de avanzar a la final del campeonato, es una muestra gratis de su formidable talento.

Blanco ha sido a lo largo de su carrera un delantero singular y se ha reinventado con inteligencia en sus últimos años para conservar su pegada mortífera frente al arco. La velocidad para encarar y crearse sus propias ocasiones con un tranco imparable para encarar el arco ha dado paso a un delantero centro que habita como un lobo en el área, silente y atento a cualquier movimiento para atacar a la presa y devorarla en el primer despiste.

Caracas cometió el error inexcusable de darle espacio a Blanco para que se acomodara a sus anchas en la zona de definición. Su primer tanto para igualar 1-1 fue una muestra de su magistral sabiduría. Vio el hueco, anticipó a toda la defensa del cuadro rojo y con un toque sutil batió a Baroja. El segundo tanto lo metió una vez más en la historia del fútbol nacional, al ser el primero convalidado por la vista de águila y la tecnología milimétrica del videoarbitraje en la Liga Futve.

El “Avioncito” leyó la jugada a la perfección. Dio un paso atrás para evitar el fuera de juego y rompió el arco del Caracas con un remate poderoso. Cerró su formidable faena al aprovechar un centro al área para convertir de palomita. Tres tantos de diferente facturas, pero todos con la misma firma de un atacante imperecedero al que habrá que levantarle una estatua en la entrada del José Antonio Páez, si mete al Penta en la gran final y termina dando la vuelta olímpica con el rojinegro.

En medio de esta epopeya de Richard Blanco, en el otro lado de la moneda está la caída estrepitosa del Caracas, que volvió a mostrar sus flaquezas. El resplandeciente ataque veloz y fulminante en el triunfo 2-0 ante el mismo Penta en el estadio Olímpico, se apagó en tierras llaneras.

La conexión entre Anderson Contreras, Bryant Ortega y Ender Echenique sufrió un cortocircuito. A lo que se sumó otra vez la nula implicación del africano Oguns en el juego del Caracas, cuando más se requiere de su potencia para desequilibrar y definir.

Lo más grave en esta derrota fue olvidar que Richard Blanco es uno de los más implacables delanteros de la historia del fútbol nacional. Lo dejaron suelto y permitieron que los balones volaran hacia el corazón del área con centros y pases que no fueron anticipados.

El Caracas sigue dependiendo de su desempeño en los dos últimos partidos ante Academia Puerto Cabello en el Olímpico y Deportivo Táchira, en la revancha del clásico, en Pueblo Nuevo para sumar los puntos necesarios y avanzar a la final. Pero necesita recuperar la solidez defensiva que había mostrado en los partidos previos y la efectividad de Oguns y Guarirapa para asumir sus responsabilidades.

Dolgetta y Elie metieron el pecho cuando la Vinotinto vivía en las sombras

El inexorable tiempo que todo lo consume tocó las puertas del fútbol nacional para recordarnos a dos grandes figuras del ataque y la defensa que la desmemoria había relegado al desván del olvido.

En una misma semana fallecieron dos jugadores histórico: el artillero José Luis Dolgetta y el zaguero central Freddie Elie. A Dolgetta le debemos una las más celebradas hazañas de la Vinotinto, cuando en la Copa América de Ecuador 1993 remontó un 0-3 para igualar 3-3 ante Estados Unidos con par de tantos de Dolgetta y el golazo de Miguel “Pochito” Echenausi, en una descolgada fenomenal por la banda izquierda en el minuto 89.

Para la Copa América, la Federación Venezolana de Fútbol había iniciado uno de los primeros procesos de transformación de la selección nacional, bajo las riendas del serbio Ratomir Dujkovic. El entrenador centroeuropeo fue traído al país con la ilusión de que emulara el trabajo de renovación que había efectuado con gran éxito el montenegrino Dusan Dráskovic en la selección de Ecuador.

Dolgetta fue la apuesta para el ataque de Venezuela de Dujkovic, y el carabobeño respondió con cuatro tantos en Ecuador, donde se convirtió en el primer y único delantero nativo en ser el máximo goleador del torneo de selecciones nacionales más antiguo del mundo. Tiempo atrás lo tuvimos como compañero de transmisión en TVES, en un clásico del fútbol entre Caracas y Táchira en San Cristóbal, y nos confesó su decepción con el fútbol nacional, porque no había recibido reconocimiento a su trayectoria y, tras su retiro, sentía que los equipos no le habían dado la oportunidad que requería para consolidarse como entrenador.

Su incursión en el banquillo tuvo pasos muy breve al frente del Carabobo, Portuguesa, y Tucanes de Amazonas, pero en ninguno logró trascender con la misma contundencia que exhibió como potente goleador. Tampoco fue tomado en cuenta por la FVF para ayudar en la formación de nuevos talentos, y desilusionado por tanto desdén cerró la tienda de artículos deportivos que tenía en San Cristóbal y se fue a Guayaquil, donde un infarto fulminante lo emboscó a sus 53 años de vida.

Elie integró esta generación de precursores que dejaban la piel en la cancha en aquella años sesenta y setenta, cuando todo era derrotas. En medio de ese panorama adverso, en el que muy pocos jugadores formados en el país tenían chance de jugar en los equipos de primera división, Elie se erigió en la muralla del Deportivo Italia y fue uno de los héroes de aquella mítica victoria 0-1 sobre Fluminense en Maracaná. El Futve siempre los recordará.

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