viernes, abril 12, 2024
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Caracas FC escaló de la Cota 905 a la cúspide de la capital

Disfruta de una nueva entrega de "Visión de Juego" por Gerardo Blanco

Han sido gigantes los pasos que ha dado el Caracas FC para transformarse con el paso del tiempo en una de las instituciones deportivas que mejor representa a la ciudad. De aquella rueda de prensa auroral ofrecida en 1989 por el empresario y mecenas del deporte Guillermo Valentiner, en la sede de la Organización Deportiva Cocodrilos, en la Cota 905 para informar que era el nuevo flamante propietario del equipo, han pasado 35 años. Un tiempo en el que los Rojos se convirtieron en la divisa más ganadora del fútbol nacional con 12 títulos en primera división y seis Copas Venezuela. De allí que su presentación del viernes para la nueva temporada, en los 2.140 metros del Hotel Humboldt simboliza, de cierta manera, el exitoso viaje que emprendió el Caracas FC, durante tres décadas y media para encumbrarse en Venezuela.

Que el hotel más emblemático y representativo de la ciudad haya abierto sus puertas y por varias horas se haya iluminado de pie a cabeza con los colores del Caracas FC, más que un buen ejemplo de mercadeo y simbiosis organizacional, es la expresión acabada de que los Rojos ya no son el sueño de un visionario que amaba el deporte y, muy especialmente el fútbol, con pasión desenfrenada, sino una institución sólida, arraigada en la capital, que puede gritar a los cuatro vientos con orgullo, desde la cima del Waraira Repano, que después de 35 años de la era Valentiner, el equipo que hoy dirige Leo González, es tan caraqueño como el Humboldt.

Y fiel a una ciudad, que a decir del maestro José Ignacio Cabrujas estaba en permanente estado de reconstrucción, el Caracas FC versión 2024 también presenta un rostro cambiado que, sin embargo, conserva parte de la esencia que le permitió llegar a la gran final perdida en tiros penales ante su némesis del Deportivo Táchira y clasificar a la fase de grupo de la Copa Libertadores de América.

La directiva comandada por Rostyn González y Miguel Mea Vitali hizo bien en renovar a un cuerpo técnico, que sacó al equipo de la confusión táctica y la depresión competitiva en la que había caído, tras la salida de Noel Sanvicente del banquillo. Con Leo González como DT, el equipo volvió a encontrarse a gusto. Entendió y asimiló rápido los conceptos de juegos de un entrenador, que en sus tiempos de fino cabeza de área, abrevó en el fútbol de toque, posesión y sometimiento del rival a través del dominio del esférico del sabio Manuel Plasencia.

No se puede dirigir al Caracas FC sin tener conciencia plena de que este club es heredero de una idea superlativa de Guillermo Valentiner. La de tener en Caracas a un club poderoso y temible como su también adorado Bayern Munich bávaro. Pero también debe saberse que para dar concreción en el césped a ese precepto fundacional, el Caracas FC no puede ganar por cualquier vía, sino dando espectáculo, con jugadores de buen pie que siempre busquen el arco rival y salgan a ganar en cualquier escenario, como Plasencia lo consiguió con sus maquinarias invencibles, repletas del mejor talento de la ciudad y del país; un camino que perfeccionó Sanvicente dando oportunidad a jugadores de las canteras.

Después de un año de recuperación anímica y deportiva del equipo, Leo tiene ahora el gran desafío de recuperar plenamente el fútbol contundente en la Liga Futve para ganar los partidos sin sobresaltos, y de luchar con ímpetu por avanzar lo más lejos posible en la Libertadores, un torneo que es propiedad casi exclusiva de los millonarios clubes brasileños. La temporada pasada el Caracas fue perdiendo fuelle en el ataque, por la anemia de goles que en la segunda fase del torneo afectó a Ade Oguns y Saúl Guarirapa. Ahora es tiempo de concretar los goles y bordar la estrella número 13.

Las Frases

Después de 35 años de la era Valentiner, el equipo que hoy dirige Leo, puede gritar que es tan caraqueño como el Humboldt”

No se puede dirigir al Caracas FC sin tener plena conciencia de que este club es heredero de una idea superlativa de Valentiner”

Después de un año de recuperación del equipo, Leo tiene el desafío de recuperar plenamente el fútbol y bordar la estrella 13″

Mezcla de juventud y experiencia aportará el octanaje para rendir a plenitud

A nadie debe sorprender que más allá de las incorporaciones del Caracas FC para reforzar la plantilla y suplir las bajas de jugadores fundamentales como el arquero Alain Baroja, y los delanteros Ade Oguns y Saúl Guarirapa, el equipo seguirá dependiendo del aporte de los jugadores de la cantera. Ya la temporada pasada, Leo González echó mano de los chamos formados en las categorías inferiores para que exhibieran su talento y se ganaran un puesto en el equipo. Y cuando las lesiones y los bajos rendimientos tocaron la puerta, fueron jugadores como Bryan Ortega, Bianneider Tamayo, Renné Rivas y Ender Echenique los que tomaron las banderas de los caídos y la plantaron en la final. Esa mezcla de juventud con la experiencia que traen a la plantilla, futbolistas con recorrido internacional como Edwuin Pernía, de vuelta a la institución tras su paso por Chile y Ecuador, Danny Pérez y el colombiano Yeison Mena, es de esperar que ofrezca el octanaje necesario para que el equipo funcione a pleno desde el primer duelo ante el Deportivo La Guaira.

Para que la primera división regrese al Brígido hay que apoyar al aficionado

Recuperar el estadio Brígido Iriarte para que el balón vuelva a correr libremente por su verde gramado es un gran logro que hay que celebrar. El antiguo estadio Nacional, rebautizado para los Juegos Panamericanos de Caracas 1983 con el nombre de una de las leyendas del atletismo nacional, fue una casa para el fútbol nacional que había sido abandonada a su suerte. Por sus terrenos pasaron antiguas glorias del fútbol capitalino como el Unión y el Dos Caminos, y por mucho años acogió al Caracas FC y a otros equipos ya desparecidos del mapa como el Galicia, Deportivo Italia, Deportivo Portugués o Italchacao. Pero para que el Brígido vuelva a vibrar con el fútbol de primera división hay que solucionar uno de su más grandes inconvenientes: el transporte público para llegar y salir del estadio, y estacionamientos para quienes se movilizar en sus vehículos. Cuando se remozó el estadio para los Panamericanos, el proyecto de transformación incluía una estación de metro que nunca se concretó. Y sin público alentando en las tribunas, el fútbol es una puesta en escena sin drama ni pasión.

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