lunes, agosto 8, 2022
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El catenaccio a lo Ancelotti extendió fama del Real Madrid

Disfruta de una nueva entrega de "Visión de Juego" por Gerardo Blanco

La Liga de Campeones de los heroísmos y las magníficas remontadas del Real Madrid culminó sin la grandilocuencia de los monumentales triunfos ante el París Saint-Germain del millonario y soso tridente de Neymar, Messi y Mbappé; el campeón defensor Chelsea; y el fútbol coral de poligonales, movimientos impredecibles, pases y contrapases del Manchester City de Pep Guardiola, que llevaron al cuadro de Carletto Ancelotti a la final número 17 de su acaudalada historia y la tercera frente al Liverpool inglés.

El título 14 de los merengues en la más encumbrada de las competiciones europeas no será recordado por la forma tan desmesurada en la que se produjeron los triunfos en las tres eliminatorias previas, cuando el Madrid prácticamente estaba grogui, casi noqueado, y como en la inacabable zaga pugilística de Stallone se levantó de la lona para darle una felpa a los rivales antes del tañido de la campana.

La victoria 1-0 sobre el Liverpool para alzar por octava vez consecutiva la Orejona fue la más burocrática obtenida por el Real Madrid en este épico recorrido por la Champions 2021-22. Ante la propuesta modernista del Gegenpressing de Jürgen Klopp, con el Liverpool volcado en el terreno del Real Madrid cerrando las líneas de pase y tratando de forzar el error para que Luis Días, Mané y Mohamed Salah capitalizaran en el arco, Ancelotti dictó una cátedra de tranquilidad, orden, practicidad y eficiencia para contrarrestar al rival.

El Real Madrid dejó que el Liverpool se agotara en sus correrías para cerrar espacios y robar el balón. Optó por un fútbol anodino, carente de magia y riesgo, pero útil para evitar ser víctima del movimiento heavy metal, articulado y contundente del tridente ofensivo de los Reds. La fórmula de Ancelotti fue simple, sacada del antiguo y venerado manual del catenaccio de Nero Rocco y Helenio Herrera. Reguardarse atrás, formar un doble bloque con líneas muy juntas para contrarrestar los posibles contragolpes, mediante doble marcación sobre Lucho Díaz, quien fue anulado durante los 65 minutos que permaneció en el Stade de France por la indeclinable marcación de Dani Carvajal, quien ganó todos los duelos individuales que sostuvo con el extremo colombiano.

Esta vez no hizo falta de la otoñal creatividad de Luka Modric ni la pegada milimétrica de Toni Kross para alargar la cancha con sus pases profundos. Ambos de dedicaron a exasperar y desgatar física y sicológicamente al Liverpool, relantizando el juego con toques a los costados o retrocediendo la pelota hasta los predios del arquero Thibaut Courtois, el gran artífice de la coronación del Real Madrid con la actuación más descomunal de un portero en el partido final de la Champions.

Las tapadas del arquero belga ante el primer disparo de peligro de Sadio Mané y los mano a pie en los que venció tres veces al egipcio Salah utilizando sus largos brazos para despejar los disparos a bocajarro serán recordados con más intensidad y brillo que el gol a dos bandas, casi de carambola, conseguido por Vinicius Jr. para sentenciar el duelo. La consagración de la primavera que se esperaba de Karim Benzema para completar su soberbia temporada con otra jugada decisiva fue anulada, tras un polémico fuera de juego decretado por la larga revisión de los jueces del VAR.

El francés merecía haber conseguido ese gol de la victoria, pero fue un disparo mordido, sin destino, de Federico Valverde el que dio el triunfo al Madrid, cuando Vincius ganó por única vez la espalda de Alexander-Arnold para empujar la pelota al fondo. No fue un tanto que pasará a la historia como la volea de Zinedine Zidane para vencer al Leverkusen en 2002, pero sirvió para extender la fama de invencibilidad del Real Madrid en Europa.

Caracas pagó con la eliminación el desatino al dejar ir a Noel Sanvicente

La eliminación del Caracas FC en la fase de grupo de la Copa Libertadores es fruto de los errores cometidos en la gestión del equipo. En la temporada pasada el cuadro capitalino había encontrado un funcionamiento efectivo bajo la dirección de Noel Sanvicente.

Con su paciencia y sabiduría para ir moldeando jugadores, el entrenador guayanés limó las asperezas, lleno de remates precipitados y sin destino del africano Samson Akinyoola y lo convirtió en el mejor artillero del torneo. Pese a contar con una plantilla repleta de chamos, el Caracas se metió hasta la final y con uno menos en cancha logró alargar el duelo ante el Táchira hasta la final ganada por los aurinegros en tiros penales.

Pero en una decisión inentendible, la gerencia abrió la puerta de salida a Sanvicente, y Francesco Stifano tuvo que empezar de cero con un equipo que ya estaba amoldado y tenía una línea de juego estructurada. Este Caracas todavía no rinde a plenitud, desperdició su chance de avanzar en la Copa al empatar en casa ante The Strongest y su eliminación ante Paranaense en Brasil estaba cantada.

La baja a última hora del delantero africano Samson Akinyoola en el último partido, en virtud de la falta de visa para ingresar a suelo brasileño, fue la guinda de los desatinos cometidos por el Caracas en este semestre.

Si la intención era aprovechar al máximo al beninés para comandar con sus goles el avance a octavos de la Libertadores o de la Copa Suramericana, lo que suponía mayores ingresos para el equipo por conceptos de premios, el plan se derrumbó. Los errores cometidos en la gerencia y el banquillo minaron la posibilidad de ver al Caracas salir de la medianía.

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