domingo, enero 29, 2023
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Ley de Deporte Profesional aguarda por Asamblea Nacional

Disfruta una nueva entrega de "Visión de juego" por Gerardo Blanco

Hace pocos días se inició el período legislativo con la designación de las autoridades que regirán la Asamblea Nacional y se presentó el paquete de 22 proyectos de la agenda para este año.

Los temas fundamentales que serán abordados por los asambleístas serán los referidos al reimpulso de la economía; el funcionamiento de los servicios públicos; el fortalecimiento de la organización popular; el desarrollo, humano, social y ambiental; y la revolución judicial.

No encontramos en este paquete de proyectos nada que haga referencia a la Ley del Deporte Profesional, pero no perdemos la esperanza de que con el ex ministro del Deporte, Pedro Infante Aparicio, como flamante vicepresidente de la Asamblea Nacional, se puedan dar los primeros pasos para impulsar un anteproyecto y el respectivo debate con todos los sectores involucrados e interesados en el tema.

Algunos lectores quizás se pregunten de dónde sale esta propuesta de darle un marco legal al deporte venezolano. La idea no es nuestra, sino que fue incluida por los legisladores que en agosto de 2011 aprobaron de forma unánime la vigente Ley Orgánica de Deporte, Actividad Física y Educación Física.

La novena disposición transitoria de esta ordenaba muy explícitamente que en un “lapso que no excederá de dos años contados a partir de la publicación de la presente ley, deberá dictarse la Ley del Deporte Profesional, que atienda a las mejores prácticas de este sector, en observancia de las necesidades y factores inherentes a cada disciplina deportiva, con sujeción a los principios expresados en esta ley”.

Han transcurrido ya 22 años desde la promulgación de la Ley del Deporte, y en los distintos períodos legislativos que se han sucedido desde 2011, nada se ha dicho ni discutido sobre la Ley del Deporte Profesional, que debió ser sancionada en 2013 como fecha tope.

¿Por qué es necesario legislar al respecto? Porque el deporte no puede ser visto como un espectáculo con fines meramente recreativos. Se trata de una de las industrias más poderosas del mundo, que capta miles de millones de dólares, y que en el caso específico de Venezuela también mueve dinero a través de las diversas ligas profesionales, genera cientos de empleos directos e indirectos y requiere ser apoyada con diversos mecanismos de financiamiento que le permitan seguir creciendo, tal como hizo el Gobierno de Inglaterra con la Premier League del fútbol de ese país; en Alemania se ha hecho para fortalecer la Bundesliga; en Brasil con los clubes profesionales o en Argentina, Colombia y Chile para darle más respaldo a sus campeonatos y atletas élites que se dedican profesionalmente a conseguir triunfos y medallas de oro.

El tema del patrocinio al deporte profesional es solo uno de los tantos que habrá que abordar en esta nueva ley. En varios países de la región y del mundo se están aplicando impuestos a la telefonía móvil, los licores, las apuestas legales o la suscripción de sistema de televisión paga que luego se utilizan para invertir en el crecimiento de la industria del deporte.

Venezuela está rezagada al respecto y necesita colocarse a la vanguardia. El deporte es un motor de la economía; una actividad que produce arraigo, que moldea la cultura de un país y sus resultados influyen en generaciones enteras. Como ejemplos, basta citar el impacto sociológico que tuvo en Venezuela el triunfo de la selección de beisbol en el Mundial de La Habana de 1941, que influyó decididamente para que Venezuela se conviertiera en un país beisbolero; las rivalidades entre entre Caracas y Magallanes que pervive en el tiempo; las batallas entre Cocodrilos y Marinos en la Liga de Baloncesto; o del Caracas FC y el Deportivo Táchir en el fútbol nacional. Esperemos que la Asamblea Nacional se ponga al día con esta ley en este nuevo período.

Derecho laborales, venta de boletos y medidas contra la violencia

La Ley del Deporte Profesional no solo debe apuntar hacia los mecanismos de patrocinio y financiamiento del deporte, sino también garantizarle plenamente los derechos sociales, educativos y laborales a quienes dedican su vida a estas actividades.

¿Quién le garantiza hoy a los atletas el derecho a disfrutar de una formación profesional o conservar su trabajo, si tiene que entrenar a diario y competir por su equipo o Venezuela?

¿No habrá que legislar para que el equipo de beisbol de barrio, que forma a los Miguel Cabrera, también se beneficie económicamente, cuando el chamo firma un contrato profesional?

¿No es justo que le toque a ese equipo un porcentaje de la tajada de cada contrato firmado por los derechos de formación?

¿Y qué decir de atletas élites del país como Yulimar Rojas que se dedican exclusivamente al deporte?

¿No es absurdo seguir considerándolos aficionados? ¿Quién le garantiza su estabilidad económica y social cuando pase al retiro? La venta de entrada y la seguridad de los aficionados que asisten a los diversos espectáculos deportivos también es un tema para legislar.

El viernes vimos de nuevo las imágenes de cientos de fanáticos de los Leones del Caracas y Navegantes del Magallanes en una turbamulta en el estadio Universitario para adquirir los boletos del crucial choque.

Hay que legislar para que las entradas se puedan adquirir con suficiente anticipación por vía electrónica, evitando así esas peligrosas batallas campales frente por llegar a las taquillas.

Cada silla debe ser numerada e identificar con nombre y apellido al comprador del boleto. También es menester incluir medidas contra la violencia y sancionar a quienes las incumplan.

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