sábado, julio 20, 2024
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Los once mejores de siempre en una Vinotinto de fábula

Disfruten de una nueva entrega de "Visión de Juego" por Gerardo Blanco

El reciente fallecimiento del gran Luis Mendoza, el mejor futbolista de la historia del país, no solo por la calidad técnica que atesoraba en sus botines, sino por su inteligencia para entender el juego, moverse en los espacios, habilitar a sus compañeros con su toque elegante y preciso, convertir goles con sus fulminantes disparos de derecha o izquierda, y su gran solidaridad para librar las más férreas batallas por valorizar al futbolista venezolano, invita a dejar volar la imaginación para armar un equipo de leyendas nacionales, un 11 ideal donde solo caben los mejores de cualquier tiempo.

Para la posición de arquero sobran candidato, pues se trata del lugar donde había que multiplicarse para evitar las goleadas que siempre rondaban en el área del jugador más solitario del terreno. Los nombres de Omar “Pulpo” Colmenares, Vicente Vega, César “Guacharaca” Baena, Daniel Nikolac, Rafael Dudamel, Gilberto Angelucci y Renny Vega figuran entre los mejores de su época.

Puestos a elegir habría que quedarse con Dudamel, porque ha sido el más completo de todos. Dueño de una enorme personalidad para ordenar a su equipo, hábil con el balón en los pies para salir jugando, poseía una gran pegada para los pases largos o cobrar tiros libres, y un fenomenal alcance para llegar a los disparos más complicados, como aquel que le sacó en la escuadra al uruguayo Álvaro Recoba en el triunfo de Venezuela (2-0) en el Pachencho Romero de Maracaibo, en el partido que inició el boom de la Vinotinto de Richard Páez.

Para la pareja de centrales hay dos nombres que se erigen por encima de todos: Fréderic Elie y José Manuel Rey. El primero fue una de las murallas más temibles de su época, impasable por alto y por bajo que además salía del fondo jugando con la prestancia de un mediocampista. Rey es otro indiscutible por su categoría para defender. Elegante para cortar y salir jugador con sus pases profundos a lo Fernando Hierro, su golpeo de derecha lo convirtió en el cobrador de tiros libres más temibles del fútbol venezolano y de la Vinotinto hasta la aparición de Juan Fernando Arango.

Las bandas han sido desde siempre una debilidad para las selecciones nacionales. Por el costado derecho, siempre se recuerda aquel golazo de René Torres ante la Argentina de Maradona en Pueblo Nuevo, pero su patada descalificadora sobre Fernando Morena en la Copa América del 83 lo deja fuera de esta lista. El mejor rendimiento por ese costado ha sido para Héctor “Turbo” González, un extremo convertido en lateral que tenía ida y vuelta, profundidad para atacar y definir sus chances. Su tanto en el Centenariazo lo consagró para siempre. Por la izquierda, el puesto es para Miguel “Pollito” Echenausi, el lateral con más garra y pulmones que fue protagonista del épico empate 3-3 ante Estados Unidos en la Copa América de Ecuador 1993.

En la zona de recuperación los mejores representantes del corazón Vinotinto son Nelson Carrero y Tomás Rincón, dos generales en jefes de la marcación, incansables para meter pierna dura, recuperar y distribuir juego.

La creación en este equipo de fábula sería para quitarse el sombrero y batir palmas con el tiquitaca de tres amos del balón: Mendocita, Stalin Rivas y Juan Arango, un tridente de puro talento para deleitarse con el toque, la creatividad, la sutileza de los pases y la pegada para definir de pelota detenida.

El ataque es propiedad exclusiva de Salomón Rondón, el mejor delantero de la historia del fútbol venezolano, autor de 148 goles en los equipos donde ha militado y otros 41 con la Vinotinto. Su juego de espaldas al arco, de target man in, la potencia en el área para abrirse espacio y definir por alto o por bajo no la había tenido ningún otro delantero del país.

Una banca de lujo con Renny, Cheché, Tovar, “Indio” Mota y Bernardo Añor padre

El equipo de suplentes de esta selección ideal tendría a Renny Vegas como arquero suplente por su rapidez para ganar los duelos y su destreza con el balón. Las murallas del equipo serían Juan José “Cheché” Vidal, uno de los centrales más elegantes con el balón que tuvo el fútbol nacional y Pedro Acosta, una fuerza implacable para dominar el juego aéreo. La banda izquierda sería para el merideño Elvis Martínez con la fuerza y determinación de David “Indio” Mota para tapar los huecos por el corredor derecho.

Los encargados del quite serían Franco Rizzi, un todoterreno impasable que nunca se cansaba de correr y meter, con la entrega y dominio del balón de Alí “Cholito” Tovar, una de las eminencias del juego más respetadas de su tiempo. Para el fútbol combinativo, otros tres genios del toque y el pase-gol: Gabriel Miranda, Ricardo David Páez y Bernardo Añor padre. Para completar este 11 de suplentes, el ataque estaría a cargo de Rubert Morán, el delantero más inteligente para recibir en el espacio y liquidar con precisión.

El DT más irreverente para sacar la mejor consecha de este equipo soñado

Una selección con tantos jugones y fineza para controlar el balón no podría estar en manos de un técnico de apretar los dientes, aguantar atrás y buscar el triunfo en una jugada aislada de tiro libre o un cabezazo milagroso de último minuto. Este equipo no podría ser dirigido sino por Richard Páez Monzón, el técnico que cambio el estilo costumbrista de fútbol atemorizado y reactivo de la Vinotinto, por otro propositivo, audaz, inventivo que combinaba sabiamente orden táctico e irreverencia para dominar a los rivales a partir de la posesión del balón.

Solo un DT con la clarividencia de Páez se atrevió a poner al mismo tiempo a tres creativos en el medio campo de la Vinotinto: Ricardo Páez, Gabriel Urdaneta y Arango, aquel tridente que enamoró al país con su juego asociado y sus goles. Por ello, es el indicado para sentarse en el banquillo de nuestro equipo ideal, pues no dudaría ni un segundo en alinear a Mendocita, Stalin Rivas y Juan Arango para generar el fútbol de alto vuelo, como Brasil versión 1970 de Zagallo que se atrevió a jugar con cuatro 10. Solo que nuestra Vinotinto apenas vive en este rapto de imaginación.

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