martes, agosto 9, 2022
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Rubén Limardo puso fin al yugo europeo

Una atípica coincidencia del tiempo quiso que los venezolanos Rubén Limardo Gascón y Yulimar Rojas ganaran sus respectivas medallas de oro olímpicas un 1 de agosto, solo que con nueve años de diferencia entre la conquistada por el espadista guayanés en Londres 2012, y la obtenida por la triplista capitalina con récord olímpico y mundial incluido en la pandémica cita de Tokyo 2020, que se disputó el año pasado.

De la inolvidable hazaña de Limardo se cumple este lunes una década, y para los cortos de memoria nunca sobra recalcar que se trata de una de las gestas más deslumbrantes de la esgrima en su centenaria historia de los Juegos Olímpicos, por todas las circunstancias que rodean a este deporte y, muy particularmente, a la espada individual.

Desde que la esgrima se incorporó al calendario de los Juegos Olímpicos de la modernidad, en la segunda edición celebrada en París 1900, han competido 1.280 espadistas de 83 naciones, y 25 de los 29 medallistas dorados han sido europeos:

  • 7 italianos
  • 7 franceses
  • 2 húngaros
  • 2 belgas
  • 2 rusos
  • 2 alemanes
  • 1 soviético
  • 1 sueco
  • 1 suizo

Antes de la hazaña de Limardo solo otro espadista nacido fuera de Europa había podido ganar oro en esta arma, y hasta la fecha es el único que tiene dos de este metal y de forma consecutiva en Juegos Olímpicos.

Nos referimos, claro está, al tirador cubano Ramón Fonts, quien nació en La Habana, pero desde los 16 años vivió en París, donde se formó como un consumado esgrimista en las armas de espada y florete. En esta última también ganó la presea dorada en las competencias individual y por equipo en los olímpicos de San Luis 1904.

Es tan difícil que un esgrimista no europeo llegue a la final de la espada, que Estados Unidos, la principal potencia dominadora del olimpismo moderno, solo tiene en su haber una medalla de plata y una de bronce en esta arma, ambas ganadas en 1904, cuando Charles Tatam perdió la final con el cubano Fonts, y su compatriota, el ingeniero y novelista Albertson Van Zo Post, se colgó la presea de bronce.

Valga recordar que en su camino a la medalla de oro, Limardo libró ante el estadounidense Seth Kelsey, el mejor espadista de ese país desde los Juegos Olímpicos de San Luis, el combate más electrizante de las semifinales, en lo que fue una revancha para el guayanés.

Kelsey había vencido 12-10 a Limardo en la final de los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011, y también había sido el verdugo (15-9) del caraqueño Silvio Fernández en los cuartos de final de Londres 2012, impidiendo una inédita semifinal entre espadistas criollos.

Aquel combate entre el fornido Kelsey, de 1.93 de estatura (diez centímetros más que Limardo), y con mayor alcance para las estocadas, terminó igualado a cinco toques en los tres asaltos.

Fueron a muerte súbita y en una acción suicida, Limardo apeló a su veloz ataque en flecha. Kelsey intentó repetir la misma estrategia que en Guadalajara: estirar su brazo armado y tocar la cabeza del venezolano para liquidar el pleito.

Solo que en esta ocasión Limardo vio venir el toque. Se encogió, esquivó el hierro y alzó su mano como un cohete para tocar el pecho del gigante y ganar el punto de oro para llegar a la anhelada final. Después de ese triunfo inverosímil, la medalla de oro fue cocer y cantar ante el noruego Bartosz Piasecki.

Controló el primer round 4-3, duplicó la ventana 12-6 en los tres minutos siguientes, aguantó la reacción del nórdico que sumó cuatro toques para acercarse 14-10, pero con otro flechazo Limardo sentenció el careo, y reescribió la historia olímpica por acabar con 118 años de yugo europeo en la espada individual masculina.

Proyecto familiar

El oro de Limardo no habría sido posible sin el proyecto familiar que siempre tuvo el respaldo de su fallecida madre, Noris Gascón, y el tío Ruperto Gascón, su maestro desde los 7 años, cuando lo inició en el arte de tocar y no ser tocado, en la hoy destartalada sala de armas Jesús Grúber en Ciudad Bolívar.

Noris fue la que impulsó a Rubén a dedicarse a la esgrima, y Ruperto lo moldeó como un guerrero de la pedana en Lodz, Polonia.

La ciudad se convirtió en el centro de entrenamientos y un lugar estratégico para acudir a los torneos y copas del mundo organizados por la Federación Internacional de Esgrima, con respaldo económico del Ministerio del Deporte, que ha subsidiado buena parte de su preparación y competencias.

El triunfo de Limardo tuvo un impacto significativo para la promoción de la esgrima en Venezuela. Un deporte casi desconocido para los aficionados, se hizo cercano, gracias a sus estocadas.

Así que uno de los mejores homenajes que se pueden hacer al campeón olímpico es recuperar la sala de armas, donde inició su camino hacia el oro.

El oro de Yulimar resuena

El triunfo de Yulimar Rojas el mismo 1 de agosto, pero de 2021 en los Juegos Olímpicos de Tokyo, está tan fresco en la memoria que aún resuena su récord olímpico y mundial de 15,67 metros en su último vuelo, para superar la mítica marca de 15,50 m que había impuesto la ucraniana Inessa Kravets en el Campeonato del Mundo de Gotemburgo, en 1995.

A diferencia de Limardo, cuyo oro sorprendió a una mayoría de venezolanos que no había seguido con detenimiento su exitosa carrera, el triunfo de Yulimar era esperado por su absoluto dominio de esta prueba.

En marzo pasado, batió su propio récord con 15,74 metros en el Mundial bajo techo de Belgrado. Su próximo reto son los 16 m y convertirse en París 2024 en la primera venezolana con dos oros olímpicos.

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