sábado, julio 2, 2022
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Venezuela con el reto de recuperar terreno en los Bolivarianos

Disfruta una nueva entrega de "Visión de juego" por Gerardo Blanco

Recuperar el terreno perdido en las dos últimas ediciones de los Juegos Bolivarianos celebrados en Trujillo 2013 y Santa Marta 2017, ganados por Colombia, es el reto que tiene la delegación nacional que competirá del 24 de junio al 5 de julio en Valledupar, Colombia, sede de la décimo novena edición de estas competencias, las únicas en el mundo que rinden honor a un héroe nacional, como es el caso del Libertador Simón Bolívar.

Desde los cuartos Juegos Bolivarianos de 1961 en Barranquilla hasta los decimosextos disputados en Sucre 2009, Venezuela mantuvo una imperturbable hegemonía regional a lo largo de 48 años. Pero la enorme inversión realizada por Colombia en las últimas décadas, en las que fue sede de Juegos Suramericanos, Centroamericanos y Bolivarianos, aunado a la crisis económica de Venezuela, producto del bloqueo internacional impuesto por el gobierno de Estados Unidos, catapultó a las delegaciones cafeteras al primer lugar del medallero en Trujillo y Santa Marta.

En la ciudad peruana, Colombia dominó el medallero con 166 doradas por 163 de Venezuela; y en la llamada “Perla de América”, el país vecino aprovechó su localía para ampliar la ventaja en la cima con 213 áureas por 94 de los atletas nacionales. La razón de esta diferencia hay que buscara no solo en lo deportivo, sino en las más adversas circunstancias que atravesó el país y el deporte nacional en ese año, donde los ingresos petroleros llegaron a cero, por la guerra económica contra nuestra economía.

A la cita bolivariana de Santa Marta 2017, el gobierno colombiano negó la posibilidad de que Venezuela llevara a su delegación en un avión de nuestro país, y por tal razón los atletas debieron viajar por carretera desde Maracaibo hasta Santa Marta. Tampoco sobraron recursos para la preparación y, además, esos Juegos marcaron el retiro para una generación dorada encabezada por el tritón Albert Subirats.

No es de extrañar, en consecuencia, que para los Juegos de Valledupar, el nuevo Comité Olímpico Venezolano, encabezado por María Soto, haya decidido convocar una buena parte de los atletas élites del país, encabezados por el campeón olímpico, y cinco veces campeón Panamericano en espada individual, Rubén Limardo; y los medallistas de plata olímpica en Tokyo 2020, los pesistas Julio Mayora y Keydomar Vallenilla.

Alguien se podría preguntar ¿qué hace Limardo en unos Bolivarianos, si se trata de un campeón olímpico y dos veces subcampeón mundial? La respuesta es simple. Venezuela necesita de sus mayores talentos para volver a luchar por el primer puesto del medallero, y Limardo es uno de ellos. Y en su caso, hay una suerte de deuda pendiente con estos Juegos en los que nunca ha podido salir campeón. En Santa Marta solo ganó oro en por equipo; en Trujillo no pudo competir porque se reponía de la fiebre amarilla que puso en peligro su carrera y su vida; y en Sucre perdió la final con el caraqueño Silvio Fernández.

No será fácil cerrar la brecha con Colombia, porque de nuevo tendrá la ventaja de ser local y podrá inscribir un mayor número de atletas para ir por las medallas en las diferentes disciplinas. Por eso, al margen de volver a batallar por regresar al primer puesto, los Bolivarianos servirán de vitrina para seguir la evolución de atletas emergentes como Ricardo Montes De Oca en el atletismo, Emil Pérez y María Yegres en la natación, Gleymaris Bera, Karla Castillo y Alexa Álvarez en lucha o Kerlys Montero en pesas, para citar algunos integrantes de la nueva camada de atletas nacionales que inician el ciclo olímpico con la ilusión de escalar posiciones y sumar triunfos en el sueño de clasificar a los Olímpicos de París 2024.

Ricardo Montes De Oca merece caer sobre colchonetas más seguras

El atletismo ha sido uno de los deportes más golpeados en el país por la guerra económica contra nuestra nación. El presupuesto para la inversión deportiva en el mantenimiento y recuperación de las instalaciones se vio impactado por la reducción de los recursos del Estado, y como consecuencia de ello, las pistas y materiales para la práctica del atletismo se han visto gravemente afectados. El deterioro del Brígido Iriarte de Caracas y el Pachencho Romero en Maracaibo, dos de las más emblemáticas instalaciones para la formación de los atletas y la celebración de competencias nacionales e internacionales, son muestras inocultables de la desinversión de la que hacemos referencia.

Otras instalaciones como el Máximo Viloria en Barquisimeto y el estadio Agustín Tovar de Barinas han venido resistiendo, pero también requieren de nuevos equipamientos. La nueva joya del atletismo nacional, el garrochista larense Ricardo Montes De Oca, que con apenas 15 años volvió a superar el viernes con un vuelo de 5,11 metros los récords nacionales U-18, U-20 y U-23 que estaban en su poder (5,06 m), y se ubica como el cuarto mejor del mundo, se entrena y compite en colchonetas desgastadas por el tiempo.

Caer desde una altura de más de 5 metros sobre este material deteriorado y mohoso, pone en riesgo la integridad física de uno de los atletas con mayor proyección del país en esta modalidad de los saltos.

El Instituto de Deporte de Lara realizó una valiosa inversión en el Máximo Viloria, pero necesita más recursos para renovar las colchonetas que pueden costar de 17 a 31 mil euros. ¿Será que alguna empresa privada se suma a respaldar el atletismo y a un campeón en ciernes como RMDO?

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