En los días que corren vemos a cada rato partidos clasificatorios para la Eurocopa de 2024. Entonces, mirando hacia atrás, echamos un vistazo a los tiempos vividos y llega a la memoria la final URSS-Yugoslavia de 1960, en el que fue el primer encuentro entre selecciones europeas.
Será el próximo lunes 10 de julio la fecha que nos hablará de aquel partido jugado hace sesenta y tres años en el Parque de los Príncipes de París, ese mismo donde cada semana vemos al París Saint-Germain disputar partido del campeonato francés. Transcurría 1960, inicio de la década de Los Beatles, la minifalda y el Mayo de Saint-Denis, y en la que Lev Yashin era la gran figura del arco en el mundo entero.
De aquel torneo a hoy han cambiado los métodos de entrenamiento, se aprecia más le velocidad de vértigo y el aguante físico que los valores del arte futbolístico, pero el fútbol sigue siendo el mismo. Tal vez la única modificación real haya sido la incorporación a la estructura del equipo de los cuidadores de la valla, que han tenido que aprender a pegarle a la bola porque las entregas de los compañeros deben ser jugadas y no tomadas con sus manos…
El fútbol, pues, deporte conservador como ningún otro, ha desestimado cambios y movimientos sísmicos, porque según sus emperadores, la gente de la Fifa, “lo que está bien así debe seguir”.
Con el paso del tiempo el fútbol he sentido en sus entrañas gente renovadora con ideas nuevas, siempre desechadas por los jerarcas. Una de ellas, sostenida por algunos insubordinados que se han revelado contra lo impuesto, ha sido el cambio del inofensivo saque de banda: llevarlo al pie en vez de hacerlo con la mano. Esta locura revolucionaría el juego, daría nuevo movimiento y lloverían goles que al final de todo son la alegría del fútbol.
Cambios de jugadores sin medida, unos salen otros entran cada vez que el director técnico lo considere, también ha sido propuesto, mas el resultado siempre ha sido el mismo: choque frontal contra el atávico reglamento…
Una revisión a los deportes de masas y no hay discusión; ha sido el voleibol el que se ha colocado en el lugar de vanguardia con su novedoso sistemas de puntos que la transmisión de televisión ha aplaudido.
El beisbol, no obstante sus tradiciones, ha roto fronteras y se ha modernizado con el conteo para lanzadores y bateadores y con ello agilizar la duración de los juegos. El fútbol pues, se aferra a sus viejos estamentos, a sus ancestrales e inamovibles leyes para continuar andando por los caminos de la historia. Porque, “lo que está bien así debe seguir”.
Nos vemos por ahí.




