Aquellos partidos, cuánta nostalgia…


Hacía mucho tiempo que no éramos atacados por ese sentimiento impredecible llamado nostalgia. Ah, la nostalgia de lo vivido y, cómo no, también de lo que pudo haber sido y nunca fue. Toda esta reflexión, que no es más que la nostalgia de la nostalgia, nos llegó de improviso mirando en la televisión pedazos de varios partidos del pasado reciente:        Liverpool, Barcelona, Flamengo, River Plate, Sevilla, Real Madrid, Juventus, Tottenham, Atlético de Madrid… Nuestras miradas no eran las mismas que enfocamos siguiendo un partido en repetición, no; eran las visiones de algo perdido, “una carta de amor que se lleva el viento pintada en mi voz, a ninguna parte, a ningún buzón”, como canta Serrat en la hermosa “Lucía”. Sí, porque eso era: una carta de lejanía, un eco distante, un amor perdido. ¿Cuánta distancia hay entre aquellos juegos y las evocaciones de los aficionados sentados frente al televisor?…

Parece que fueran años, un montón de ellos, pero no, fueron partidos jugados hace solo unas semanas. Quizá será que el deseo puede más que la añoranza, porque las ganas de volver a palpar a Lionel Messi, a Cristiano Ronaldo, a Kylian Mbappé, a Gabriel Barbosa “Gabigol” revoloteando en las canchas rompe las barreras de la nostalgia y despierta de nuevo aquel deseo de que todo aquello vuelva, de que el fragor de los partidos y su encendidas disputas con el ardor del fuego rápido esté otra vez en los campos del mundo. ¿Cuándo llegará ese momento feliz de volverlos a mirar disputando balones? ¿Cuándo volverá el día de discutir si el VAR ha sido para bien o para enredar aún más el fútbol nuestro de cada día? El fútbol no deja de ser un sentido figurado de la vida misma, como diría el querido Manuel Plascencia, y por eso, si el fútbol retorna ha sido porque han vuelto a explotar las flores de la vida en el planeta entero…

El fútbol puede más que el visitante inesperado llegado de contrabando desde la remota China. Cesaron los partidos, no hay ligas ni Copa América ni Eurocopa, mucho menos clasificaciones al Mundial de Catar, pero no por eso deja de dar noticias y dibujar sonrisas que se enfrentan a la ansiedad y la impotencia de la gente. Aunque no hay movimientos en los terrenos de juego, hay mucha curiosidad por saber lo que hacen los jugadores en el encerramiento de los tiempos actuales. ¿En qué se distraen esos tipos, cuáles serán sus aficiones en el día a día? No se les puede criticar si en lugar de ser lectores apasionados, como Javier Mascherano, por ejemplo, las aficiones de la mayoría están puestas en los videojuegos: no hay que olvidar que, a un costado de su fama y su dinero, solo son jóvenes como cualquiera de nuestros hijos. Nos vemos por ahí.   

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