Asia, y el “atrevido” Oswaldo Vizcarrondo

Disfruten de una nueva entrada de Camiseta 10 por Cristobal Guerra

Oswaldo Vizcarrondo, habitualmente de hablar y proceder pausado, se atrevió. Tomó las riendas y azuzó al potro de su determinación para dejar fuera de la Vinotinto a aquellos jugadores de fuste, los que se nombraban solos, los que fuera como fuese siempre estaban en los llamados, en los camerinos, en las alineaciones titulares de cada partido.

Porque, ¿cómo iba a ser posible que no estuviese en la lista Salomón Rondón, el goleador de toda la vida, el rompe defensa, el tanque de guerra que a menudo viola todas las trincheras adversarias? Y ¿cómo no iba a ser convocado el tal Yeferson Soteldo, si es una de los futbolistas más excitantes del seleccionado nacional, el hombre que enloquece a los marcadores de punta enemigos? ¿Y qué tal no hablar de Jefferson Savarino, considerado el jugador más fino del país en los años recientes, y gran organizador del mediocampo y el ataque? ¿Y qué decir de José Martínez, al que llaman “el Brujo”, hombre combativo y sin entregas en el centro de las cancha?

“Abrimos nuevos espacios con el cambio generacional. Preferimos eso y no contar con jugadores históricos”, ha sostenido, a pie firme, el técnico venezolano. Y mire que la osadía de Vizcarrondo es un paso adelante que pocos, casi ninguno de los anteriores tuvo el valor de dar. Hace algunos años en los llamados caían casi siempre los mismos; hoy hay más riqueza en cantidad de jugadores, pero el problema es otro. Y es importante que él asuma desde el frente de batalla la defensa de sus muchachos, de su equipo, de su idea de lo que debe ser la selección.

“Hay que promover espacios que van más allá del presente deportivo”, argumenta el entrenador, en una referencia indirecta a aquellos con lo que ha sostenido diferencias públicas. “Es la planificación integral y colectiva del cuerpo técnico desmarcado de polémicas individuales”.

Vaya la inteligencia de Vizcarrondo para salirse del ruedo de las discusiones. Pica y se va. Y así ha logrado conjuntar un grupo de treinta y cuatro jugadores para iniciar la prueba, la gran prueba de la expedición asiática. Y ha aclarado un asunto formal para reforzar la ausencia de los ases de un pasado reciente: “Esto no es por lo puntos. De ser así tal vez los hubiera llamado. En la selección no están cerradas todas las puertas”.

Oswaldo Vizcarrondo y Fernando “Colorao” Aristeguieta, su técnico asistente, tienen la seguridad de que esta camada de futbolistas jóvenes va a suplir, y con probadas creces, a aquellos que, no obstante sus esfuerzos, sus sudores a raudales, no alcanzaron la meta mundialista.

Van a encaramarse en el avión y a atravesar el Pacífico con la fe puesta en un lustroso porvenir. Y como dicen que la fe mueve montañas, este contingente de venezolanos irá por todo lo posible a mover las de Japón, Surcorea, Jordania. Dios los oiga.

A través del gran océano…

De Súbito, a la Vinotinto le salen alas. Alza el vuelo “y parte el cielo en dos”, como le oímos cantar a un trovador, y mientras el avión sube los jugadores mirarán a la distancia a la patria hacerse pequeña. De aquel lado del mundo la esperan selecciones de gran calado, aunque, y como es de esperarse, experimentales. No estarán en las canchas la mayoría de aquellos jugadores que vivieron la aventura mundial, y aunque sus actuaciones no fueron para deslumbrar si podrán mostrar esta vez, especialmente japoneses y surcoreanos, no así Jordania, su bagaje de fútbol en crecimiento.

Para Venezuela será la manera de cotejarse con expresiones poco comunes, basadas, fundamentalmente, en velocidad de movimientos y rápidas salidas verticales, todo tan distinto al que se juega Suramérica, más pausado que el oriental. En Asia se le da más valor al hecho colectivo y solidario que al individual. Será, pues, contraste de concepciones, tan importante en este tiempo de estudios, ensayos y dulces sueños.

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