A grito limpio, con actitudes de mariscal de campo, lo vimos en 1991 en San Cristóbal. Al mando de la selección boliviana como mediocampista y capitán, se erigió como uno de los grandes jugadores de aquel Suramericano Sub 20 jugado en la capital del Táchira y en Puerto Ordaz. Por entonces Bolivia quedó encerrada en el mismo grupo de Brasil y Argentina, que entonces era capitaneada por Mauricio Pochettino, mientras que Venezuela jugaba en la ciudad guayanesa con Stalin Rivas y Gerson Díaz al frente del pelotón. Años después, ya en 2005 y con el uniforme del Caracas, quemaba los últimos leños del fuego de su chimenea, en un breve paso por un fútbol que ya lo iba dejando atrás. A Julio César Baldivieso le habíamos perdido la pista, como se dice en el habla futbolera, hasta estos días de confusiones y tumultos con la selección VInotinto, pues el hoy director técnico del Aurora de su país es el más reciente clamor de la Federación Venezolana para dirigir a la selección nacional…
Tras decenas de anuncios, luego de entrar y salir en las vidas de técnicos de aquí y de allá, ha aparecido un inesperado. Vaya con nombres y más nombres, vaya con este y el otro. En realidad, Baldivieso tiene la medida del fútbol venezolano; no es un entrenador encumbrado en la geografía internacional, no está aposentado en la gloria mayor, sino que está en su búsqueda como un elemento que falta en su hoja de vida. Y por eso, principalmente, no tiene miedo ni al compromiso ni a las cosas que por ahí se dicen de la inseguridad del país. Baldivieso es como la pieza del rompecabezas que faltaba, el tipo ajustado a la exigencia, el propio…
Y, aunque no venga al caso ya desbordado en especulaciones acerca de la Vinotinto, queremos hacer un comentario acerca de la plata que por estos días corre entre los jugadores de América. A diferencia de lo que pasaba hace algunos años las distancias con Europa se han acortado, especialmente en Brasil, México y Argentina, los tres grandes mercados del continente. ¿Sabe usted cuánto gana el uruguayo Giorgian Arrascaeta en el Flamengo? Pues 453 mil dólares mensuales, el mejor pagado de ese fútbol. ¿Y Gabriel Barbosa “Gabigol”? 395 mil al mes con el mismo equipo. En México un jugador estelar llega a 300 mil, y en Argentina a 250 mil. La comercialización y los torneos internacionales, Copas Libertadores y Suramericana, han sido los propulsores de esta demencia. Ah, aquellos jugadores de los 60 y 70; muchos de ellos han visto pasar los años y llegar a la vejez como porteros de estacionamientos de estadios para cuidar los autos de lujo de futbolistas arrogantes y presumidos, muchachos que creen haber inventado el fútbol. Nos vemos por ahí.




