El marcador es elocuente: Barcelona 5, Betis 2. El equipo condal acababa de golear a un rival “duro de matar”, al que el Real Madrid no puede doblegar, y que, no obstante, debió resignar su voluntad rebelde ante un grupo de jugadores que se entienden como si hubieran jugado juntos desde las tardes de las partidas informales en los baldíos del barrio catalán. Los béticos se afanaron, pusieron sobre la cancha todo lo que sabían, pero lo que sabían resultó poco ante un escuadrón que tiene su propia personalidad, que cree a pie juntillas en lo que hace y que considera, como lo más importante de su propuesta, no imitar a ningún otro equipo de esta vida. No se sabe cómo aparece en las comarcas enemigas, pero aparece. No se sabe cómo demuele, pero demuele. No se sabe cómo golea, pero golea. Vaya evolución de un fútbol al que cuesta definir; y cuesta porque no tiene parangón, punto de comparación, porque no hay maneras de decir con certeza “ellos juegan así”…
La evolución de las formas tradicionales comenzó con Hungría en el Mundial de Suiza1954, y continuó, por emulación, con la Holanda de Alemania74 con Rinus Michels al comando. Continuó exitosamente con Johan Cruyff, astro de entonces, hasta que Josep Guardiola tomó el testigo. Por eso se dice, en algunos círculos iconoclastas y descreídos, que el entrenador nacido en Cataluña no inventó nada, sino que siguió, de punta a cabo, lo que había dejado el holandés volador. Muchos equipos siguieron el modelo, ahora ya desgastado, hasta que aparece, con un concepto nuevo y a la vez indescifrable, el Barcelona. Sea liga española sea la Champions League, se los lleva a todos por delante. Ningún club sabe qué hacer ante tal máquina de trituración, ante tal arrollamiento que profana todas las creencias de Europa y sus alrededores…
Y, habrá que mirar a este grupo de jugadores titulares. Lamine Yamal, Pau Cubarsí, Xabi Espart, los tres con 19 años de edad aún podrían jugar sin angustias el Mundial Sub20. Del técnico, Hansi Flick, no es posible saber si todo lo que hace es un ensayo o si trajo desde Alemania el sistema preconcebido. Pero se le ha dado, y los demás equipos de España, y de esto no se salva ni el Real Madrid, padecen el “método Flick”. El próximo domingo podrá saberse, si es que hay alguna duda, si lo del Barcelona es verdad o es “flor de un día”, como dicen en Buenos Aires. El club madrileño, que controla José Mourinho, estudia con detenimiento la manera de contener aquella avalancha blaugrana; si no la consigue, bueno entonces tendrá que recurrir a la ancestral alquimia y al gitano Melquíades, de “Cien años de soledad”, para escudriñar y resolver aquel acertijo.
Nos vemos por ahí.




