Camiseta 10 | Agosto, buen mes para cambiar

El mes que recién comienza, que en Venezuela siempre ha sido de diversión y sueños infantiles y juveniles porque suena a vacación y a soltar las amarras de los estudios, en el fútbol puede ser el mes de los movimientos que pueden llevarlo a un cisma indeseado y por dos causas que pueden llegar a ser trascendentes.

Veamos: en las oficinas de la Fifa andan preocupados por razones de mucho peso. Voltean hacia un lado, y se consiguen con las protestas de los que se niegan a que se modifique la estructura de un deporte que ha sido como lo conocemos desde que el hombre está sobre la Tierra.

Y si miran hacia la otra ventana, chocan con la tozudez de los directivos de los grandes clubes europeos empecinados en poner fuego en las canchas con la creación y el echar a andar en pocas semanas de la llamada Superliga…

Con los que se oponen a cambios en los reglamentos ya anunciados podrán lidiar, porque por ahora es solo una maqueta de lo que podría ser el fútbol en un porvenir aún lejano.

Hay maneras de acallar las voces que lamentan tales modificaciones al asegurarles que por ahora no hay nada que temer. La verdadera inquietud, vaya, no está ahí sino en el otro lado de la calle, donde se mueven con ligereza los señores del gran dinero.

Apuntalados por la determinación de Florentino Pérez, jerarca del Real Madrid, y tomados de la mano por las ambiciones, avanzan hacia no solo hacia el torneo entre semana que anuncian, sino, más allá de ello, hacia el verdadero terremoto que significaría la creación de otra Fifa.

El fútbol es deporte, es competencia y tiene como estandarte la dignidad humana, pero es también representante genuino del dios dinero, y es aquí donde los empresarios dan la nota alta…

Hace unos meses surgió la noticia, y de inmediato explotó la Fifa con sus amenazas: serán desafiliados de sus ligas, los futbolistas no podrán jugar competencias internacionales, y bla, bla, bla.

Siempre nos pareció que todo había sido la vieja treta de dilo a ver qué dicen, y en un momento pareció que la idea caía como un castillo de naipes. Pero abajo, allá donde la vista no alcanza, el monstruo seguía vivo y con ganar de saltar a la superficie.

Y ahí está, representando a los doce equipos de la aventura, desafiando sin desafiar a las autoridades, y diciendo que “respetó al fútbol, pero la plata es mía”.

Al final de todo, los clubes de postín cuidan con celo sus millones y le dicen al mundo entero que, más que un deporte, el fútbol es todo un gran negocio. Nos vemos por ahí.

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