Camiseta 10 | Las batallas de Pékerman

Nada cuesta pensar que según el título de la columna vamos a referirnos a los duros partidos de la Vinotinto ante Bolivia, mañana, y Uruguay la próxima semana. Eso sería lo lógico, lo perceptible, lo que quedaría a tiro de piedra. Pero queremos ir un poco más allá, quizá bastante más allá.

Ha llegado al puesto de conducción Néstor José Pékerman, y él sabe que Venezuela no es Colombia, aquel fútbol que llevó a dos mundiales de fútbol; él sabe que en Venezuela la lucha a todo brazo contra la corriente arrasadora tiene derivas distintas y remolinos bravíos que ni el tiempo ha podido controlar. El técnico argentino tiene frente a así una era diferente a las de los hombres que le precedieron.

En aquellos días de Richard Páez y César Farías se comenzó a dar un florecer maravilloso, aquella generación simbolizada por Juan Arango que ganaba partidos importantes y que comenzó a ofrecer jugadores de lujo para el fútbol internacional…

Por estos tiempos aún algunos dan nombre al fútbol venezolano, pero a menudo son los mismos de la camada anterior: Salomón Rondón, Tomás Rincón, por ejemplo. Algunos otros de los que llegaron después, Jefferson Savarino, Yeferson Soteldo, por ejemplo. Pero, ¿cuáles son los nombres recientes, aquellos jóvenes de 20 o 22 años de edad que pueden ufanarse de representar un nuevo amanecer? Revisamos las nóminas de otros países del contexto suramericano y caramba, a menudo sale gente de nuevo cuño, jóvenes que se abren paso entre la maleza que tienen por delante; ellos van apartando el monte para llegar listos para asumir la vanguardia. Visto así, el fútbol venezolano pasa por un estancamiento, por un estar atrapado en una ciénaga de la que no ha sabido cómo salir…

Y eso es lo que hoy encuentra Pékerman. En Colombia, por citar lo obvio en el caso del recién estrenado técnico, brota del suelo fértil la verde grama; así todo siempre será más fácil.

En Venezuela cuesta más, duele más, se suda más, y esta ha de ser la batalla más encarnizada y desigual que el veterano tutor tendrá que enfrentar. ¿Otra? La carencia de estructuras tradicionales, si es que se le puede llamar “tradición” a un fútbol que nunca ha conseguido su verdadero destino.

A menos que ese destino sea seguir viviendo a la sombra de un continente que aún piensa que Venezuela no es para competir, sino para ganar puntos y seguir de largo en carrera. El fútbol venezolano tendrá que cambiar su rostro, y con Pékerman tiene la oportunidad de dejar de ser el perseguido que siempre se cae, y comenzar a ser el perseguidor, el que siempre va de pie.

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