Camiseta 10 | Táchira, como en 1987, como en 2004

Mañana será un magnífico día para evocar aquellas jornadas de 1987. Por entonces, el “Carrusel aurinegro” que dirigía el inolvidable Carlos Moreno tuvo la osadía de batir sin atenuantes al Independiente de Avellaneda, llegado a San Cristóbal con la banda terciada en el pecho de ser bicampeón mundial, antecedente del actual Mundial de Clubes, un enfrentamiento que calificaba al dueño del fútbol europeo con el amo del de América del Sur. Carlos Maldonado, gol, Daniel Francovig, el insólito de arco a arco, Pedro Febles, su galope, su desprendimiento, sus venas del cuello inflamadas, su gesto victorioso, su conquista triunfal por 3-2. Luego vendría al estadio de Pueblo Nuevo, Rosario Central, y un empate ante los también argentinos dejó al Táchira con las llaves del portal de una clasificación que al final de la historia no pudo ser…

Y podrá ser “un magnífico día” si la pandilla que maneja Juan Domingo Tolisano se convence de no solo traer a la memoria la gesta de aquel grupo de aventureros, sino de quedar a tiro de piedra de un salto a segunda ronda de la Copa Libertadores que ningún equipo venezolano ha conseguido desde 2009, jornadas de gloria y luces del Caracas FC. Táchira mismo lo alcanzó en 2004, solo que por razones del llamado “efecto de primacía”, que el habla popular describe como “lo primero es lo primero”, es el movimiento del 87 el que más ha quedado marcado en la piel con el hierro candente de los afectos por “el Táchira de mis amores”, como emocionadamente diría un andino de cuerpo y alma. Claro que el Always Ready boliviano, adversario de mañana, no es miembro del jet set del fútbol suramericano, pero para llegar al cielo se necesita, como en la vieja canción, “una escalera grande y una chiquita”…

¿Habrá Copa América? El origen de esta incertidumbre nunca estuvo mejor justificada. Porque, además de la epidemia que ha desmantelado a parte de la sociedad colombiana, ahora llegan los disturbios y los tumultos, y no hay para dónde correr. Pensar en algo como el fútbol en momentos así puede ser trivial, y verlo como un acto importante resulta una temeridad. La Copa es un encuentro de los pueblos suramericanos representados en las selecciones nacionales, pero por encima de ellas, en una distancia que puede ser la misma que hay de la tierra al sol, está la vida humana, por estos días amenazada por todos los flancos. Quizá la Confederación Suramericana esté pensando en la debacle económica que conllevaría la suspensión copera, pero bueno, siempre habrá tiempo y maneras, como en la película española de 1982 y ganadora del Oscar al mejor film extranjero, “Volver a empezar”. Nos vemos por ahí.

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