Casi no nos hemos dado cuenta. El hecho ha pasado calladamente, porque la naturaleza del fútbol hace que los partidos sean los primeros actores de la comedia en pantalla. Pero atención: la Eurocopa se ha jugado indistintamente en doce ciudades del continente, en algunos con estadios semiploblados, y en otros como en el de Bucarest, a lleno absoluto.
¿Esto qué quiere decir? ¿La Uefa lo ha hecho para complacer a los aficionados de todos lados? Puede que haya sido una concesión, cómo no, alimentada por la situación actual traída por la pandemia por la que ningún país estaba dispuesto a cargar solo con ella; mas, detrás de todo está la nueva dimensión que el fútbol va teniendo y que no se sabe a dónde puede llegar.
Es un ensayo, pero un ensayo serio que América ha tratado, con timidez americana, de emular. Trataron de armar una Copa con Colombia y Argentina en simultáneo, pero ya sabemos cómo terminó todo. Sin embargo, los ecos llegan a estas tierras y desde ahora se piensa en un torneo continental de verdad verdad y no solo de Suramérica, en el que también entren Canadá, Estados Unidos, México y los países centroamericanos.
Con una Euro multinacional, el fútbol se ha parado frente a frente con su porvenir. Después de jugar en casi toda Europa, después de hacer sonreír a la gente de muchos lugares, ¿qué ha de venir?, ¿una competencia en decenas de poblaciones? Ya sabemos que algunas capitales no tienen condiciones de aceptar algo así, lo que obligaría a los organizadores a jugar en varias ciudades de un solo país, por ejemplo, Francia, Italia, España, Alemania o Inglaterra.
La creación, en principio abortada, de la Superliga con los equipos de más alcurnia de Europa, es el primer peldaño de una escalera que parece se comienza a subir. El fútbol se globaliza de manera particular, sui generis, y tal parece que su proceso es indetenible. Una Euro diferente puede ser el arranque de un mañana imprevisible.
Pero el fútbol, por mucho que se reinvente va a tener limitaciones. Algunos teóricos de la economía aseguran que el globo se va a reventar en algún cercano momento, que las contrataciones, los pagos y las agallas de jugadores y empresarios serán la espoleta que hará estallarla una granada que el fútbol no podrá impedir.
¿Qué nos deparará el fútbol de aquí en adelante? El mundo entero espera por una nueva dimensión, pero cuidado: la granada está cargada y en el aire a ver en qué manos cae. Cuidado.
EN TIPS
Constraste
Europa, con estadios poblados, piensa en expansiones. En América la incertidumbre castiga y aun no hay claridad sobre el futuro.
2026
Este Mundial se jugará en tres países: Canadá, Estados Unidos y México. Será una buena época para calibrar al continente.
Distancias
A diferencia de Europa, en donde los vuelos suelen ser cortos, en América los extensos recorridos atentan contra la expansión del fútbol.
Economía
En el continente americano se dan contrastes profundos: mientras hay países desarrollados o en vías, hay otros donde las carencias son notorias.
Dilema mundial
Cada cierto tiempo, por no decir cada cuatro años, vemos las modificaciones. De las dieciséis selecciones se pasó a veinticuatro, a treinta y dos y, desde 2026, a cuarenta y ocho. Estas alteraciones han tenido su propósito en la expansión del fútbol, pero también por la presencia de los sponsors.
Esto ha hecho que jugar el Mundial, a diferencia del pasado, ya no sea tan exclusivo; ¿cuántas estarán dentro de quince o veinte años? ¿Con qué argumento la Fifa justificará sesenta o setenta equipos? Es el gran dilema de los mundiales: ser solo para los más competitivos o convertirse, como los Juegos Olímpicos, en fiesta de todos.




