Dejen trabajar a ese hombre

Al margen de diatribas, fuera del alcance de discusiones públicas y lejos de los intereses de cada bando, José Peseiro ha tomado el timón de la selección Vinotinto con la fe puesta en su experiencia y conocimientos. Ya es sabido que no es un técnico con argumentos internacionales de trascendencia, que no tiene en su pecho grandes condecoraciones ni en sus hombros charreteras relucientes, pero ¿podía el fútbol venezolano aspirar a más? Los tipos como el entrenador portugués llegan a los equipos con su modestia, con su empecinamiento para cumplir; si no triunfa, bueno, no triunfa, pero Peseiro es de los que no se entregan tan fácilmente. Y al final de las cosas, es un conductor a propósito de un fútbol que se ha vuelto competitivo, tenaz, fuera de complejos ancestrales, pero sinceremos las cosas: aún no ha pagado la alta cuota que le dé entrada al gran club del linaje de Suramérica…

Peseiro, profesor de universidades, empresario y aficionado incondicional de la hípica, llegado desde el anonimato y ante lo inesperado que resultó su aparición para tanta gente, es uno de esos técnicos callados, que no hacen aspavientos ni grandes promesas, y aunque sabe la resistencia interior por su designación, la ha hecho a un lado para tratar de hacer valer su propuesta. Ha comenzado como suelen comenzar los que saben de qué va la cosa: llamando a los jugadores que andan por todos los confines del mundo. Y ellos, conocedores del tejemaneje que se urdía por los predios confusos de la Federación Venezolana, han acordado que, sin los grandes nombres del comienzo de este rally, sin los Diego Maradona, los José Pékerman, los Jorge Sampaoli, este hombre, José Peseiro, está bien para lo que habrá de venir. Así que, cófrades y adversarios, amigos y enemigos, hagan el favor de dejar trabajar en paz a ese hombre…

Una de ciudad: este es un apunte fuera del contexto futbolístico, aunque de cierta manera tiene que ver con los balones y las canchas. Hemos visto algunos kioscos de Caracas, muchos de ellos tradicionales, cerrados o sin diarios para vender. Castigados por los nuevos tiempos del mundo audiovisual, en los que la información por computadora ha tomado la delantera, los periódicos han ido perdiendo la batalla. Sin embargo, los lectores tradicionales añoran, especialmente los domingos, aquella información seria y veraz de las páginas de papel. Hoy en los puestos de venta solo se ven chucherías y pequeñas máquinas de café, y a su alrededor las brumas de una nostalgia que no acepta a plenitud los caudales de informaciones que llegan por los teléfonos celulares, muchas de ellas inventadas por aquellos que juegan a ser periodistas de nueva era. Nos vemos por ahí.

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