A cada rato nos viene a la mente una pregunta, que más que eso es una curiosidad y una preocupación: ¿dónde estarán en el 2022 Lionel Messi, Cristiano Ronaldo, Sergio Ramos, Luis Suárez, Eden Hazard, Zlatan Ibrahimovic y todos los tipos consagrados que ya pasan o bordean los treinta años de edad, y que dentro de tres años ya no podrán ser tan fulgurante como hoy día?
Habría que ver, porque ese es el lado B de su andar por las canchas del mundo, como en los viejos discos long play ahora de moda otra vez. Se entiende que el jugador de hoy suele ser diferente a sus antecesores; la competencia, el mercado por valer más los hace cumplir trabajos extenuantes en sofisticados gimnasios, a ser esclavos modernos de rigurosas dietas, a entrenarse con sus equipos como si en ello se les fuera la vida.
Pero no hay deuda que no se pague ni plazo que no se cumpla, como reza la Biblia. Mi Messi, ni Ronaldo, ni Ramos, ni Suárez, ni Hazard, ni Ibrahimovic podrán con el dios tiempo, así se entreguen dócilmente y obligados a los rigores de una vida en simultáneo de sacrificios y lujos desmedidos. En el Mundial de Catar el argentino tendrá 35, el portugués 37, el español 36, el uruguayo 35, el belga 32, el sueco 39. Entonces, será tiempo de que aparezcan en la escena de los tiempos Kylian Mbappe, Rodrygo, Joao Félix, Gianluigi Donnarumma, Vinicius… y Yeferson Soteldo y Yangel Herrera. El mayor de esta camada solo llega hoy a los 22 años, con un horizonte sin fin delante de ellos.
En época de ruptura del hombre con los preceptos de sometimiento vigentes en otros tiempos, el fútbol debe ser de las pocas instituciones de avasallamiento que perseveran. Aun con la Ley Bosman, apuntalada también por la Ley Pelé, el fútbol sigue en sus puertas adentro, y su aislamiento del mundo real es posible verlo en su timidez para adecuar sus reglas a la modernidad. Y el asunto de la edad vale aquí también; los jugadores, pasados los 30 comienzan a pensar en qué voy a hacer ahora cuando ante mis apetencias de juego los equipos vean para otro lado.
Es posible, pues, que veamos un Mundial que más va a parecer un torneo de juveniles que aquellos del pasado reciente, cuando hombres hechos y derechos, con barbas pobladas y actitudes temibles llenaban el escenario. Llega otra era: el momento del lado B de los treintañeros, y el A de los muchachos desafiantes.
¿Quién será el nuevo dueño?
Los jóvenes, como cuando explotan las flores, van apareciendo como figuras indiscutibles que sustituirán en Catar a los dueños de la pelota. Han sido muchos los que han prometido pero que han ido quedando en los caminos del fútbol, y unos pocos, muy escogidos, los de manos en alto. Para Catar hay cartas de recomendación y currículos entregados en oficinas de empleo, pero parece que será Kylian Mbappe el sol que regirá a los planetas.
Ya ganó el título mundial en Rusia 2018, y ahora, a su edad tan corta, a sus escasos 20 años, parece ser el comienzo y el fin de todas las cosas. Tal vez, la pelota cambiará de amo.




